cía es el Duque de la Victoria, y ningún otro puede en España reemplazarlo. Por más que digan los teóricos y los ideólogos de los nuevos Gobiernos tienen que consolidarse por el prestigio de los que los sostienen, y la cuestión de personas puede mucho cuando sobrevienen trastornos políticos. Numa consolidó el gobierno naciente de Roma; Solón el de Atenas; Napoleón el de Francia, que se escapa de las manos de un Directorio impotente; Whasingthgn aseguró la libertad Americana con su valor y su prestigio; y Luis Felipe consolida de revolución de julio en medio de las exigencias de una civilización inmensa, y de partidos encarnizados, y si aún todavía dudamos el influjo personal para consolidar los Gobiernos hechemos una ojeada al Egipto donde hoy el genio de Mehemet-Alí a pesar de una liga formidable sostiene un nuevo imperio, y una nueva civilización en el oriente. El General Espartero por sus serie no interrumpida de servicios a libertado la España de la guerra del Pretendiente, la ha terminado con gloria Nacional, ha sido el apoyo firme del Trono de Isabel 2ª y el fiel servidor de la Reyna Gobernadora, [Página 9 del original] durante la penosa y encarnizada lucha de siete años. Su feliz estrella, sus virtudes guerreras su constancia en medio de circunstancias difíciles, y de los padecimientos de una salud delicada, su influencia en el ejército, y sus negociaciones con el General Maroto, que produjeron el Convenio de Vergara; lo han colocado en una situación particular en que ningún otro Español se halla. Si descendemos de los hechos del Generalm y del hombre público, que ha sabido encadenar a su carro la victoria y la disciplina militar, a examinar las calidades del hombre privado, le hallaremos dotado de virtudes que realzan las del hombre público. Su desisteres, su afabilidad en el trato, su sufrimiento en los males, su tolerancia, su generosidad con los amigos, su sobriedad en fin, son cualidadedes que le han conciliado constantemente el afecto de los que le han tratado y conocido. En la altura social en que se halla el Duque de la Victoria y en el Gobierno representativo que España tiene, el puesto verdadero que le corresponde es el de la Presidencia del Consejo de Ministros si se ha de atender al bien del País y a la esta-
[Página 10 del original] bilidad del Gobierno. Por más que el mando del ejército sea siempre un cargo muy importante en el día hecha la paz es una cosa secundaria con respecto a la alta dirección de los negocios y de la política del Estado, y aún estemismo mando no hay incompatibilidad constitucional en que le sea conservado, porque desde Justiniano hasta hoy su máxima de que las leyes han de estar apoyadas por las armas no se ha desmentido, por mas que declamen algunos aprendices de publicistas, o algunos viejos ideólogos a quienes hemos querido conceder fáciles Apoteosis. Pero no basta decir que el Duque debe estar a la cabeza de los negocios del Estado; es preciso probar que su prestigio y antecedentes dan garantías a todos los intereses, y a todas las opiniones. A la Corona ¿quien le ofrecerá tantas seguridades? General afortunado ha consolidado el Trono de la Reina, y la Regencia de Maria Cristina, sus palabras han sido siempre respetuosas para el Trono, y cuando este ha estado ligeramente conmovido, su influjo, y su espada le han prestado su leal apoyo. Duque, Grande y General de todos los Ejércitos; su categoría y
[Página 11 del original] su posición, deben dirigirlo naturalmente a la conservación del poder Real, del que ha sido firme sostenedor. Al Partido liberal, ¿quien ha hecho más servidios? por él existe hoy fuerte y triunfante, y cuando la libertad y la independencia Nacional se hallaban en inminente riesgo, su arrojo y su política las salvó en Luchana, a orillas del Manzanares, y en los campos para siempre memorables de Vergara, y esas ovaciones que por todas partes le hacen las Milicias Nacionales y los Pueblos del Reyno son el testimonio más solemne de agradecimiento. Al partido que quiere apellidarse conservador ¿quien puede ofrecerle un porvenir de estabilidad y justicia mejor que el que proclama la observancia estricta de un Código que tiene por base fundamental la existencia y el respeto a todos los derechos civiles y políticos y singularmente la seguridad individual? Aquellos que estraviados siguieron el partido del pretendiente e hicieron cruenta guerra a Isabel II, y a los principios liberales ¿que apoyo más fuerte, que mediador más influyente podrán hallar en su situación presente, que el caudillo afortuna-
[Página 12 del original] do que pidió solemnemente una completa annistía para todos, y ofreció los fueros a las Provincias Vascongadasaa años antes del Convenio? Esa masa considerable de españoles que criados bajo las ideas del quietismo social, permanecen indiferentes al porvenir de las ideas y de las teorías del gobierno representativo, especie de Ateos políticos que no creen en la solidez el nuevo orden de cosas, y que sus hábitos y sus creencias políticas han hecho recalcitrantes en estos siete años de confusión y anarquía administrativa solo en el Duque de la Victoriaa verán el emblema de la fuerza, de la Justicia y del orden, de este orden sin el cual nada puede ser fecundo, duradero, ni provechoso a al generalidad de una Nación. Y que diremos de este ejército, cuyas glorias ha partido con su caudillo? De estos soldados a quien llamó camaradas en los vivaques de Luchana y de Ramalesm, que confiaban en su presencia como en la victoria personificada y que no pueden decir como e César después del paso de Rubicon que su cómplice? Y que de esa Aristocracia militar que se ha creado en la guerra civil, que le debe sus timbres, y ante quien [Página 13 del original] solo inclina su frente? No está aún la España ni la Europa para poderse pasar solo con fraques negros, y es necesario que aún por mucho tiempo de libertad y el orden de los pueblos la apoyen las bayonetas, y por más que esto parezca a muchos Ideólogos una fatalidad, y que contradiga totalmente las practicas de la libre Atenas, o de Roma republicana; como la libertad de los pueblos modernos y su civilización es tan diferente de los antiguos, en el día al proclamar un principio político, suele ser necesario levantar un regimiento. Colocado el Duque de Presidente del Consejo de Ministros, y encargado de elegir las personas que han de componer el Gabinete, se satisfacen las necesidades sociales de España, y las doctrinas constitucionales por que la responsabilidad de sus actos se hallará sometida al juicio de los poderes de la legislatura, y además resultarán otros bienes que enumeraremos al paso. No será entonces necesario que los Españoles busquen en los libros parroquiales, quien es el Presidente del Consejo de Ministros, y los extranjeros sabrán que la ilustración militar de España, y el represen-. [Página 14 del original] tante de la indipendencia Nacional está al frente de los negocios. Los hombres de mérito y las capacidades en todos ramos, no reusarán servir bajo las órdenes de aquel a quien ha acompañado siempre la fortuna, que puede decir también, como el Conde de Grases o Luis XIV mandé a la Victoria que me siguiese, y a quien todos unánimes responderá como aquel monarca Y os fué fiel. Esa inquietud devorante para llegar a la fortuna que parece ser el carácter de la época, será contenida el límites saludables en provecho del estado, y no servirá para causar continuas convulsiones que lo debilitan y empobrecen. Esas desgraciadas legiones de cesantes tendrán que persuadirse al fin que no es posible más que una administración en ejercicio pero protegida, y que si ellos son el producto de cinco o seis es necesario que para entrar en la activa el mérito justifique su admisión, y la oportunidad y la justicia presidan a su colocación. La resignación de los que no puedan ser colocados será más fácil, hallándose al frente de la administración una persona que pueda decirles, ni a mi ni a mis sistemas de Gobierno de [Página 15 del original] beis vuestra situación. La multitud de emigrados de todas categorías que con sus capitales han ido a fecundar un suelo extranjero, dejando el nuestro a la merced del trabajo inteligente, y que sólo vendrán cuando reine un orden de cosas más tranquilo, se apresurarán a volver a la Patria cuando vean las riendas del Estado en manos firmes y protectoras de todos los intereses. El prestigio de este nombramiento ha obrado ya su efecto, y la junta de la provincia de Madrid al saberlo ha dirigido al ilustre Duque la expresión de sus deseos, y de las necesidades de la época, las cuales conviniendo tan perfectamente con los sentimientos expresados por el Duque en su exposicón del 7 del corriente, serán satisfechas completamente y a gusto de todos los buenos Españoles. Y la ilustre Princesa que rige hace siete años los destinos de la Nación, y que como el mismo Duque de la Victoria ha dicho en su exposición de siete de setiembre fue siempre la Madre de los Españoles, encontrará más ventajas que nadie en esta elección.Et vos Reges intelligite. A vosotros os [Página 16 del original] interesa altamente que las revoluciones no se repitan, y que el prestigio y la fuerza moral de los Gobernantes de las Naciones os den garantías de orden y de buena inteligencia.