La Plaza había cumplido medio siglo en 1913, cuando en el amanecer de 9 de julio de 1914 fue arrasada por un gran fuego en muy poco tiempo. La catástrofe fue seguida por numeroso público con desolación porque se quedaban sin corridas en las Fiestas de San Mateo. Según el relato de la prensa se comentó muchísimo sobre las razones de la rapidez del incendio.
El servicio de bomberos del Ayuntamiento no pudo hacer absolutamente nada para detenerlo.
El Juzgado abre un expediente para aclarar los motivos del incendio y en primer lugar interroga y detiene -incomunicados- a dos jóvenes -Vilongo y Pequeñín- que estuvieron toreando en la Plaza la tarde del día anterior al fuego. El viernes también están en el lugar del incendio los inspectores de la Compañía de 'La Unión y el Fénix' para intervenir en lo referente al pago del seguro y parecen que habían acordado no pagar en efectivo y que se limitarían a reconstruir la Plaza tal como estaba.
La hipótesis más seguida es que el incendio había sido casual y que la posible causa había sido el 'fuerte calor' que se daba esos días en la población.
Después del incendio
Esto es lo que quedó de la Plaza después del incendio: "el muro exterior, los tendidos que son de piedra, un tramo de madera debajo de la meseta de los toriles, la puerta de los chiqueros y los clavos y pernios de todas las puertas". Es decir, prácticamente nada. Así que el problema fundamental fue qué hacer con la Plaza.
Se dieron las posiciones de siempre. De antes del incendio y de nuestros días. Para unos se debía reconstruir, y además por 'subscripción popular' y con el aporte de todos. Para otros la Plaza no era el problema esencial de la sociedad. "Pasarán años sin que se encuentre solución para el problema vital de las aguas potables, continuará el tifus endémico diezmando la población todos los estíos, seguirán las alcantarillas permiables siendo encubadero de enfermedades contagiosas, se eternizará como un estigma ese Hospital anacrónico vergüenza de una población reputada y culta, durarán una eternidad ese coso infecto; esas escuelas irracionales; ese muladar repugnante de los Quemados; pero el circo taurino, la plaza de toros, el centro de corrupción y embrutecimiento populares, surgirá bien pronto de sus cenizas, cual ave fénix de maldición eterna, para baldón de un pueblo que se dice comulgar en el credo moderno de regeneración humana".
La plaza finalmente no se reconstruyó. Se fue mucho más allá. SE HIZO UNA PLAZA NUEVA.