EL RIOJA ANTES DE LA DENOMINACIÓN
El vino de Rioja actual, amparado con la Denominación de Origen, se va creando a partir de la segunda mitad del siglo XIX y hasta los años veinte del siglo siguiente, entre
crisis y pioneros.
Y si es fundamental el papel desempeñado por los que denominamos pioneros, no lo es menos el impulso que supusieron los momentos críticos en la producción y la comercialización. Ambos son motores que dinamizaron el sector por lo que se significaron de búsqueda de innovación y de fórmulas comerciales.
El vino de "pasto" y/o de granel, base de la comercialización hasta superar el XIX, planteaba excesivos problemas, no sólo por la calificación social a los que iba destinado -las clases más bajas sin grandes recursos económicos- sino también por su almacenamiento o conservación. Así que había que cambiar la orientación comercial y productiva. Y esta fue la labor especial aportada por los pioneros.
No es extraño que los "adelantados" fueran titulados -
Marqués de Murrieta, Marqués de Riscal, Marqués de Terán, ...- y que a los vinos se les embotellara con el título del aristócrata. Se buscaba premeditadamente elevar la condición social del vino, mostrarle en las mesas de los más pudientes, de los que podían desembolsar efectivo. Por ahí venía el negocio, como muy bien muestran las Memorias económicas de algunos de los citados.
Si añadimos a esto, la crisis comercial que supuso la ruptura del Tratado con Francia, cuando ésta se repuso de la filoxera, ahí encontramos el porqué de las hoy nominadas "Bodegas centenarias". Ya que se tenía que acumular el producto, busquemos, se dijeron, darle salida más tarde bajo la etiqueta de la calidad y la distinción.
El cambio tuvo resultados, y de aquí a la búsqueda de la protección ya no había más que un paso. Esto lo aportaría la Denominación.