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LA RIOJA CONTEMPORÁNEA : P.V.P 14.99 €

Emblema de la "Sociedad Económica de La Rioja "

El emblema en grabadoEmblema en piedra

Emblema de la Sociedad
Econůmica de La Rioja

El pesimismo, que ya hiciera gritar “desde la oscuridad de su cabaña” a Don Santiago en 1785 en favor de la rebelión fiscal en busca del futuro de su tierra, inspira esta primera estrofa del poema de Don Manuel Pedro creando la figura de la Matrona por el “murmurio halagüeño adormecida”.

“Todo se muda con el nuevo auxilio,
Que vuestro esfuerzo sabio facilita,
Mejora todo, y a la gloria vuestra,
Premio de tanto afán, todo conspira”

Cierra Doralio así su poema leído en 1796.

Cargado de optimismo y esperanza establece que “todo conspira” a la mejora, a la gloria y al premio, al comprobarse que algunos de los deseos propuestos por el ilustrado Señor del Barrio se van cumpliendo.
Entre el arranque desmallado y desesperanzado y el cierre de optimismo exagerado, el autor del Romance endecasílabo construye la historia del terruño riojano a base de metáforas y guiños líricos. “El cuerno de Amaltea en tal estado” (adormecida), o sea, “la abundancia misma” de la tierra, –como ya dijera el ilustrado logroñés-, es “su enemigo”. Se hacía necesario, por tal indolencia y desidia, un “sagaz mensajero”, Mercurio, que con su caduceo y amable risa “deja, la dice, o Rioja, el torpe sueño, en que con gusto y sin honor yacías, conoce tu interés, y pues los Dioses aman así tu bien, sean tu guía”.
Imágenes simbólicas del romance y los grabados
Prosperarás, no dudes, extrayendo,
Sigue mi voz, y seguirá tu dicha,
Dixo, y tornando a la mansión celeste,
Vio la Matrona levantarse activa”
 
Efectivamente, la Matrona, o sea, la Sociedad Económica de Cosecheros de La Rioja Castellana, aquel “deseo primordial” del logroñés Don Santiago, se había creado en la Casa habitación de Don Francisco Antonio de Tobía y Ubago en Fuenmayor en la primavera de 1790, un sexenio antes de la cuarteta copiada arriba. A partir de esta fecha, se empieza a “poner en planta la más mínima parte” de los deseosexpresados por el ilustrado. Se aprobará en Fuenmayor, en esa primavera del año noventa del siglo dieciocho, construir el Camino carretil por el “rumbo” de la ribera meridional del Ebro. “El cuerno de Amaltea”, al “levantarse activa”, va derramándose, desde el invierno de ese mismo año noventa, cuando todos los apoderados riojanos se reúnen otra vez en una nueva Junta General en la Torre Fuerte de Montalvo del Conde de Hervías para concretar los detalles del Camino hacia el puerto de Santander. Desde las navidades del año noventa se escucharon muchas voces en La Rioja, que el poeta puso en versos como éstos: “a los trabajos opongamos las fuerzas reunidas”; “lejos toda discordia: no hay alguna, que no pueda ser útil”;  “venciendo estorbos naturales, con fáciles caminos den salida a los sobrantes frutos, y conduzcan lo más precioso de remotos climas”; “abran otros, canales, que transformen el más árido campo en huertas ricas”; “enriquezcan el suelo con plantíos de mil distintos árboles”; “al Ebro undoso, al Hoja cristalino, al Iregua, Tirón y Najerilla, que el paso impiden con furiosas ondas, otros con puentes abran senda fixa”. Puestos en rimas, con adjetivos e hipérbaton unidos, ritmos métricos y musicalidad añadida, es decir, en pura poesía, están muchos de los deseos enumerados ya por Don Santiago Vicente del Barrio. El poeta navarro Sánchez-Salvador y Berrio se limita a ingeniar mitos poéticos para recrear la historia.

“Dóciles a su voz luego se esparcen,
Qual oficiosa vanda de abejillas
A exercer con usura sus talentos
Poniendo en obra quanto el cielo inspira”
……………..
“De hoy mas Ebro dichoso en tu ribera
A un tiempo crecerán la verde oliva,
La vid frondosa, con opimos frutos,
Y con aumento la dorada espiga”.
Los visitantes en el patio del Museo, y todos Vds. lectores, entenderán el conjunto de figuras y frases del emblema de La Sociedad Económica de cosecheros de La Rioja, si han seguido con atención nuestro relato-resumen del Romance endecasílabo. El salmantino Antonio Carnicero Mancio, Pintor de Cámara de Carlos IV, y el valenciano Fernando Selma, Grabador de Cámara del mismo rey, -compañeros de Bayeu y de Goya, entre otros, en la Fábrica de Cartones para tapices de la Corte– firman en la base, como autores, del conjunto. Para su figuración escultórica, sin duda, y mientras no aparezcan documentos que digan lo contrario, bebieron del Romance de Doralio cuando recibieron el encargo -¿por quién, cuándo y por cuánto?- de diseñar el emblema de la Real Sociedad Riojana. La periferia del total del diseño tal vez sea un añadido posterior. Lógicos son los racimos de la izquierda, aunque estén desubicados, pero ¿por qué la larga espiga? ¿No es una Sociedad de Cosecheros de vino? ¿Es quizás una concesión más a la unidad de la Rioja Castellana, pues todos sus pueblos –de cosecha o no- en estas fechas venían reuniéndose sin distinciones en sus Juntas. Como es también otra llamada a la unidad el rótulo del titular inferior: R. Sociedad de La Rioja. Así, a secas, sin otros calificativos. En el corazón del tondo, o en lo que parece la parte del proyecto originario del emblema, están presentes los personajes mitológicos aludidos en el romance de Doralio. Amaltea, con su “cuerno derramado”, ocupa el ángulo izquierdo del triángulo de la composición; en la cúspide o vértice se muestra, entre nubes, “a Mercurio sagaz” que llega al “Ebro anciano” y con su caduceo con amable risa dice “deja, o Rioja, el torpe sueño” y le explica que sólo “prosperarás extrayendo”; y el ángulo de la derecha se completa con tres ojos de un puente -¿genérico o concreto, de ello escribiré después?- y más en lontananza el campanario de una iglesia.

Las cuartetas de Doralio quedan primero impresas en papel, y más tarde se convierten en grabados sucintos para encabezar los documentos y publicaciones de la Sociedad. así como en esculturas decorativas en piedra como la que hoy está guardada o arrumbada –y es visitable- en el actual Museo de La Rioja.