Hay dos imágenes que marcan el alfa y el omega de las cuatro décadas que voy a historiar en este apartado. La primera es una “foto de pose” de un grupo humano del otoño de 1936. La segunda un croquis, impreso, de un “monolito” conmemorativo, de la misma estación, pero de 1975. Ambos documentos gráficos aportan muchísimas claves para entender la Historia de La Rioja en los años que tienen por epicentro la mitad del siglo XX.
Esta larguísima época de La Rioja -cuarenta años- fue liderada desde las estancias del Gobierno Civl por aquellos, entre otros, que aparecn en las imágenes inferiores.El grupo de la fotografía es numeroso, -varios más de una docena, entorno a unos dieciséis- y muy variado en edades; todos son varones, con la excepción de una mujer.
Clavan sus ojos en la cámara –menos uno- con rostros serios, alguno circunspecto, y los más, graves, no prestando concesión alguna a una mera mueca para la sonrisa.
Abunda el color negro en el conjunto sólo iluminado con las ropas del obispo de la diócesis y las palmas de las manos que se alzan como ritual simbólico importado de las ideologías nazis y fascistas dominantes en las tierras centroeuropeas e itálicas en esos días. Estos “saludos” se aúpan entre uniformes de todo tipo (castrenses, religiosos y seglares) y entre gorros variados (militares, paramilitares y algunos en clave burguesa de aquellos años).
Así era el paisaje humano dominante de la ciudad de Logroño el día de la toma fotográfica y después lo será durante años. Es verdad que sus rostros –no deseo memorar sus nombres propios- son los de las élites –o “guardianes de la retaguardia”- de una capital de provincia que estaba “lejos del frente”, pero se distancian muy poco de las caras de los que se apuntaron a la rebelión armada contra la República desde las primeras horas de la mañana del día 19 de julio del año 1936 y que después protagonizarán, en exclusiva, la historia de cuarenta años de dictadura.