Poblaciones serranas pertenecientes al Distrito Electoral de Torrecilla de Cameros.
La tendencia alcista en el número de electores durante
la década moderada se comprueba de manera muy especial en este Distrito.
Es tal el incremento, que en siete años, prácticamente se duplican los
posibles participantes en las elecciones.
En 1846 se cuantifican, en las 64 poblaciones que lo integran,
271 personas con condiciones de voto, que son aproximadamente las efectivas
que cumplen las exigencias legales, y en 1853 son admitidas en las Listas ultimadas
532. Como se ve, 261 electores más de una fecha a otra. El aumento tan desproporcionado
hará necesario examinar críticamente la confección de las Listas para comprender
el nivel de fraude.
Pero antes vamos a exponer analíticamente de dónde proceden
y cuáles son los núcleos poblacionales que aportan mayor número de sufragios.
El rasgo más característico de este Distrito en cuanto al cuerpo electoral es
su gran fragmentación. La suma total de electores procede de un amplio número
de municipios: 52. No obstante, muy pocas poblaciones, sólo ocho (Torrecilla,
Soto de Cameros, Anguiano, Pedroso, Nájera, Baños de Río Tobía, Canales y Tricio)
aportan en las tres Elecciones Generales más de una decena de electores. Unicamente
otras cuatro (Ortigosa, Nieva, Badarán y San Millán de la Cogolla) superan la
misma cifra en sólo las dos últimas. Los demás pueblos, recuérdese que son 52,
nunca alcanzan la decena en más de una de las tres fechas. De éstos se quedan
en blanco en toda la década moderada nueve.
La evolución del número de poblaciones
sin electores es la siguiente: en 1846, 21 pueblos, carecen de ellos; en 1850
son prácticamente los mismos, 20; y en 1853, ya sólo una docena. El crecimiento
del número de electores por municipios nos despeja muy pocas incógnitas, pues
no existen muchas posibilidades de generalizar. No obstante, donde se comprueban
nítidamente las variaciones hacia incrementos electorales es en aquellos pueblos
que, o no tenían electores en 1846, o los aportaban en número muy reducido.
Pero incluso esta deducción, muy patente en media docena de casos concretos
como Luezas, Pradillo, Alesón, Berceo, Camprovín o Manjarrés, no es generalizable,
ya que otros núcleos mantienen o aumentan, aunque muy levemente los posibles
participantes en las Elecciones. Más concretos son los incrementos dados en
las poblaciones más señaladas del Distrito, como la propia cabeza de él, Torrecilla,
que pasa de 11 a 20; o Soto de Cameros -también cabeza de Sección en una elección-
de 14 a 30; o Nájera -cabeza de Sección en las tres elecciones- de 43 a 79;
o Baños de Río Tobía de 10 a 27. O los más espectaculares de Badarán que pasa
de 4 a 37 y San Millán de la Cogolla que lo hace de 2 a 28. Otros, sin embargo,
más proclives al progresismo como Anguiano, Pedroso y Canales, casi no alteran
su número de electores en toda la década.
El juego fraudulento en la elaboración y rectificaciones de Listas parece evidente
como lo intentaré demostrar. He efectuado un seguimiento, en paralelo, entre
los admitidos en las Listas Electorales ultimadas en mayo de 1854 y los que
pagan contribuciones en 1852, tanto por "inmuebles, cultivos y ganadería", como
por industrial, en todas la poblaciones del Distrito. Los resultados no han
podido ser más esclarecedores. Según mis cálculos, y refiriéndome siempre a
datos mínimos de fraude, puede situarse éste en torno a un centenar de incluidos
que no tienen las "cualidades necesarias" para serlo. Asimismo he podido comprobar
que otros contribuyentes que sí las poseen han sido excluidos. En algunas poblaciones
todos los admitidos como electores están muy lejos de las exigencias económicas
de los 400 rs; en otras se admiten a contribuyentes que superan los 200 rs.
pero nunca los 300 rs., y son muy numerosos los que se incluyen con cuotas rondando
a los 400 rs. que no he considerado fraudulentas por suponer, muy optimistamente,
que tengan cuotas en algunas otras poblaciones como forasteros.
También es comprobable
la exclusión, casi generalizada, de los que contribuyen por matrícula industrial
sólo, especialmente en ciertas poblaciones significadas por su progresismo de
años anteriores. Las Listas más "hinchadas" están en las poblaciones serranas
anteriormente sin electores; en los municipios claramente controlables por una
o dos familias de grandes contribuyentes; y en las poblaciones más crecidas
en habitantes donde resulta menos controlable por el vecindario la inclusión
de los que no reúnen los requisitos necesarios. No veo más necesidad de incidir
sobre esta cuestión ya que es un supuesto admitido de manera generalizada por
todos aquellos investigadores que se han ocupado del tema electoral durante
la época de Isabel II. Aquí lo único que hemos hecho es demostrarlo.