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LA RIOJA CONTEMPORÁNEA : P.V.P 14.99 €

Don Francisco Antonio de Tobía y Ubago

Casona de Don Francisco Antonio Tobía. Aquí se celebraron las Reales Juntas de Cosecheros

Fuenmayor: escudo de
Don Francisco A. Tobía Ubago

Don Francisco Antonio de Tobía y Ubago, “hermano del Honrado Concejo de la Mesta”, es el dueño de la “Casa habitación” en la que se celebraron las tres primeras Juntas de la Sociedad de Cosecheros de La Rioja Castellana que animaron y extendieron por la región “el espíritu de Fuenmayor” en los años ochenta del XVIII -desde 1784 hasta 1790-. En esta página escribimos sobre él.



Documento original

Sobre el Palacio de
la REAL JUNTA
La tradición oral, la bibliografía existente y hasta las señales turísticas de nuestros días dicen que la “sede de la Real Junta” es la Casa de Fuenmayor con cartel al pie de su tapia en el que se lee hoy Palacio de la Real Junta. Siglo XVIII.

Recorrí los treinta metros que van desde esa tapia al portón de la entrada de la misma, idéntico día y hora que suponía lo hicieron, y posiblemente con parecido sol y ambiente primaveral, el medio centenar de “Señores apoderados de Cosecheros Eclesiásticos, Seculares, Regulares, y Legos de los Pueblos de La Rioja Castellana” el lejano 8 de mayo de 1790. Buscaba noticias de la “Casa habitación” en sí misma. Contemplé el exterior de la Casa –o Palacio- como un turista más que pasa en nuestros días por Fuenmayor. Por casualidad, dialogué con la dueña y moradora actual del Palacio, e incluso estirando el cuello pude ver su zaguán o portal, pero no el resto del local, aunque por lo que me explicó -¿historia oral?- el resto del espacio de ahora, de 2013, nada tenía que ver con el de entonces. Sus preocupaciones, con las que me solidaricé, se centraban en los arreglos del deterioro producido por el tiempo y en los gastos del mantenimiento. El problema se complicaba aún más porque el total del inmueble, según me dijo, ahora estaba dividido entre varios propietarios, y más aún, porque defendió, con firmeza, que aquí en este Palacio no se había reunido ninguno de esos de los que yo le hablaba. O sea, pasé un buen rato conversando pero no añadí ni una sola “luz” nueva a las que acumulaba en mis carpetas con fondos documentales ya cosechados, o más aún, me fui con mayores dudas y vacilaciones de las que ya traía yo esa mañana.

Se me hacían necesarios ensayar “otros caminos” para dar respuestas a todas las curiosidades que me planteaba el pasado sobre el Señor Don Francisco Antonio de Tobía Ubago y su “Casa habitación” en Fuenmayor sede de las Juntas de Cosecheros de La Rioja Castellana.

Esta es la Casa de
la REAL JUNTA


Adelanto que el Palacio, del que fue propietario el Marqués de Terán, Don Juan Francisco de Paternina y Medrano a mediados del XVIII, y que hoy tiene la placa turística con este rótulo: Palacio de la Real Junta. Siglo XVIII, no es la sede de las Juntas de Cosecheros de La Rioja Castellana celebradas en Fuenmayor en los años ochenta del mismo siglo, porque simplemente no es la Casa habitación de Don Francisco Antonio de Tobía y Ubago en la que se celebraron éstas. Los documentos del Fondo Moreda (donde están los “papeles” de la familia Fernández Bazán de Fuenmayor con la que emparentó nuestro ganadero como ha quedado dicho) hoy guardados en el Archivo Histórico Provincial de La Rioja tienen la respuesta.

“La Casa Principal con su huerta cerrada y arboladura y viñedo que en ella se hallan y los corrales contiguos a ella y demás pertenecidos (se evalúan) en 275.000 reales. || Sin embargo del mayor coste que tuvo al tiempo de su construcción según expresión del Sr. D. Francisco Antonio Tobía”, Esta es la Casa de Fuenmayor donde se reunieron a mediados de los años ochenta los apoderados de los pueblos cosecheros de vino de La Rioja castellana para celebrar sus Juntas. El dato, y sobre todo la breve observación añadida a él, está en el Inventario de  Bienes hecho “de mandato judicial” (18-VIII-1791) cuando Don Francisco –y es la última gran sorpresa de la biografía de nuestro ganadero trashumante- se ha casado en segundas nupcias mes y medio antes (29-VI-1791) en Santo Domingo de la Calzada con Doña Ana Joaquina de Tejada y Otálora, miembro de una distinguida familia de esa ciudad, después de la muerte de su primera mujer María Teresa Fernández Bazán y Ocio. La urgencia de componer las hijuelas testamentarias ha llevado al Notario a su casa para anotar, y evaluar cada uno de sus bienes y hoy nos sirve para aclararnos algunos de los datos de la historia riojana.

La Casa sigue en pie actualmente en Fuenmayor –está eternamente en reconstrucción pese al valor simbólico histórico que acumula para la Rioja actual- y puede verse in situ su faz o aspecto exterior, así como de manera virtual en las variadas imágenes “colgadas” en la web del Ayuntamiento y en otros Hastings de la red. No he dado con la fecha exacta de su construcción (y mira que he revuelto pliegos y papeles, ¿estará en alguna de las colecciones de escribanías de este pueblo que se han perdido?) pero tuvo que ser en la década de los cincuenta o primeros de los sesenta del XVIII como lo delatan sus rasgos constructivos y algunas de las “difusas” citas que se hacen sobre ella, e incluso en una fecha que aparece en uno de sus balcones (1750).

El Inventario de Bienes evalúa los muebles y semovientes del conjunto histórico bicentenario por grupos o tipos, nunca por cuartos, salas o locales diferenciados ni de una ni del total de las plantas. Se anotan nombres genéricos como gabinete, alcoba, pasadizo, cuarto, entrada, sala, antesala,… y situaciones de alguno de ellos, como cuarto principal de mediodía, gabinete y antesala del cierzo, sala de arriba del mediodía, cuarto de la cocinilla de arriba, habitación del cuarto de arriba,… Las sesiones de las Juntas de Cosecheros se celebraron, sin duda, en alguno de los “gabinetes” de la planta del medio o principal, Pienso que es en el gabinete (sic) donde cuelgan “cuatro piezas de tapiz”, hay sesenta y siete “sillas de aneas grandes”, un “canapé forrado en damasco carmesí” como las “treinta y seis sillas” que van a juego, “un reloj de sala”, una “araña de cristal”, varios espejos, cornucopias en abundancia, cenefas decorativas y varias mesas grandes de nogal. ¿Pero cuál es en concreto? ¿El “gabinete del cierzo”? No lo sé, ni tampoco me importa demasiado.

Lo que calló
JOVELLANOS


Lo esencial es que aquellos lugareños riojanos se reunieron hace más de dos siglos en un ambiente de salón dieciochesco al estilo de aquellos otros –guardando muchísimo, como es obvio, las distancias y los modos- tan frecuentados en la Francia pre revolucionaria. Algo dejó dicho Jovellanos cuando estuvo por aquí dos años después de la muerte de Don Francisco Antonio sw Tobía y Ubago, y al que silenció, porque, tal vez entonces fuera –por “la faena” de las segundas nupcias- un tema tabú mencionar, ni siquiera, su nombre. ¿El silencio se ha prolongado durante años?



"Hermano del honrado Concejo de la Mesta"

Don Francisco Antonio, había nacido en Mansilla de la Sierra en la segunda década de mil setecientos (26 de enero de 1716), y es uno de los "serranos del éxodo" que partió de su pueblo cuando arrancaba la crisis de estas tierras. No se fue demasiado lejos, y en este caso para triunfar. “Bajó de la sierra al valle”, al corazón de La Rioja, a una de esas villas prósperas –“cosecheras de vino”- de la margen derecha del Ebro, a Fuenmayor, primero para unirse en matrimonio (el 9 de diciembre de 1742 con veintiséis años) y volver a su pueblo con “la conjunta”; y después, para colocar capitales “contantes y sonantes” en inversiones varias y para fomentar relaciones familiares y establecer empatías y finalmente, para empadronarse y quedarse a vivir en él de manera estable en la primera línea de los tejedores de la vida política y económica de la villa –e incluso del total de la comarca- y fundirse en los quehaceres y preocupaciones de los pudientes o más acomodados del lugar. Aquí se quedó para siempre enterrado en la capilla de El Sagrario de la Parroquial de Santa María de Fuenmayor.



Se unen Mansilla (la sierra) y Fuenmayor (el valle) por obra y gracia de un matrimonio entre el "ovejero trashumante" Francisco Antonio de Tobía y Ubago y la rica heredera María Teresa Fernández Bazán y Ocio, con cláusulas económicas muy ventajosas para la segunda, según se escritura en las Capitulaciones Matrimoniales ante Notario. En Mansilla de la Sierra, entre 1752 y 1754, está el Señor Tobía y Ubago como "Alcalde Preheminente" de la "Villa de Señorío" junto a su hermano Don Gerónimo "presbítero beneficiado" de su Iglesia, ayudando (¿) a rellenar las Respuestas Generales y a completar los cuestionarios de los Libros de Personal y Raíz de Seglares. Don Francisco Antonio declara que está "casado, (es) del estado noble, (de) oficio labrador y ganadero trashumante", tiene tres hijas y viven con él un hermano "en estudios maiores", una ama de llaves, dos criadas, un mayoral para el ganado trashumante y 32 pastores para el gobierno del referido ganado trashumante y seis temporeros para invierno". (Libro Personal de Seglares). El listado del Libro Raíz enumera cada uno de sus bienes. Es propietario de una "tierra de hortalizas con regadío a brazo" (huerta); doce piezas de "tierras de secano sin interrupción"; treinta y ocho "tierras de secano que producen a tercerano" -con algunas "cargas"- y tres tierras "yermas". Declara ser propietario de tres "casas moradas" espaciosas en alturas, frentes y fondos en la Calle Real, y un pajar, un horno y una casa "para encerrar ganado" gravadas con seis censos de diferentes cuantías. En cuanto a los ganados -"copio a la letra"- se escribe, "Tiene pastando en la Extremadura en el invierno 6 mulas, 4 caballos, 2 yeguas, un potro, dos pollinos, 3.200 ovejas, 900 carneros, 1.380 corderos y 25 machos cabríos, 240 cabras y 110 cabritos". En la villa de Mansilla cuantifica también cinco cerdos y dos bueyes. Declara que el esquilmo del ganado en Extremadura renta 44.670 reales de vellón y la venta de ganado, cada año, 10.560 más. Esta es la realidad económica, o la hacienda, de Don Francisco Antonio de Tobía a mediados del siglo XVIII, pocos años después de casarse. Pero además nuestro sujeto protagonista al llegarse hasta Fuenmayor desde Mansilla de la Sierra después de su boda, y antes de residir definitivamente al pie del Ebro, fue colocando capitales en forma de "Censos redimibles a su favor" y contra los bienes de veinticuatro vecinos de la villa que alcanzan réditos, al 3%, de unos mil cien reales de vellón, como se enumeran en el mismo Catastro de Don Zenón.

La trayectoria vital e histórica del serrano Don Francisco Antonio hasta cerrar su ciclo biológico el 5 de enero de 1793 (Partida de defunción - AHD) se enreda y no deja de sorprendernos. Hay numerosos y variados documentos en la villa de Fuenmayor, en otras cercanas (Cenicero, Santo Domingo de La Calzada,…) y más distantes (Bergara, por ejemplo) y en archivos provinciales (Archivo Histórico Provincial de La Rioja, sobre todo) y nacionales (Chancillería de Valladolid) con abundantes noticias suyas, de sus herederas, de lo que se ocupa en Fuenmayor cuando se instala aquí de modo estable, y hasta de su nuevo, e inesperado, estado civil, al morir su primera mujer, cuando ya era un septuagenario. Estos papeles dan para muchas historias, pero yo aquí me limito a anotar aquellos datos más conexos con lo relativo al origen de la provincia de Logroño o de La Rioja.

La hacienda de Don Francisco

Nuestro protagonista sigue siendo vecino de Mansilla, su pueblo natal, al que, como buen serrano, no renuncia nunca, a la vez que lo es de Fuenmayor. El curriculum vitae, después de su primer matrimonio, del “ovejero” serrano, profesión o medio de vida del que tampoco reniega nunca y del que se siente siempre orgulloso hasta el final de sus días, es denso, fructífero y vistoso, pero sobre todo es paradójico, sorprendente e innovador. Parece acomodarse a estos pasos.

A mediados de los años cincuenta ya está asentado en el valle de tal forma como para ser Alcalde del Estado Noble de la villa de Fuenmayor (1755) –cargo político local que repetirá varias veces más en años posteriores-, y también para construirse una Casa-habitación, Casona o Casa-Palacio, y, compra a compra, Escritura a Escritura ante Notario, inversión a inversión diríamos hoy, alcanzar al pie del Ebro, en Fuenmayor, antes de su óbito, un patrimonio urbano y rústico similar a los más señalados hacendados “de antiguo” del lugar en esa época, tal como nos muestra su Inventario de Bienes post mortem, conservado hoy en alguno de los archivos antes citados.

Las paradojas y los liderazgos de Don Francisco Antonio se agolpan en los setenta y en los ochenta. En la política local de Fuenmayor llega en ambas décadas a todo, y se percibe, y en distintos momentos se comprueba, su gran peso e influencia en la vida política y económica de la villa. Es Alcalde del Estado Noble en 1776 y en abril de 1884, por lo menos, y es miembro o Regidor (Acta Ayuntamiento Fuenmayor, 17-IV-1785) del Concejo hasta 1787, y parece que no tranquila y pacíficamente pues se encuentra pleiteando sobre la elección de Alcaldes y Regidores de la villa ribereña en algún momento (Chancillería de Valladolid -1787/02/02). Desde 1774 subscribe la cantidad de cien reales anuales como socio benemérito de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País en cuyo Seminario de Bergara estudian, al menos, siete de sus nietos. Pero lo más llamativo, y la gran lección de la biografía de nuestro serrano emprendedor, es que el “ganadero trashumante, hermano del honrado El Sr. Tobía no tiene ni una sola cepa a mediados del siglo y tres décadas después es uno de los paladines de la Sociedad de Cosecheros de La Rioja CastellanaConsejo de la Mesta”, que no tiene ni una sola cepa a mediados del siglo, tres décadas después es uno de los paladines o arietes de la revuelta anti fiscal (el “espíritu de Fuenmayor”) de los Cosecheros de vinos de los pueblos de los Corregimientos de La Calzada y Logroño de la Intendencia de Burgos, o de lo que ellos llamaban La Rioja Castellana, Y es que hacía tiempo que muchos de sus caudales acumulados con la ganadería trashumante en la sierra habían ido invirtiéndose y diversificándose en al valle, en Fuenmayor, en transacciones y negocios varios, y entre ellos de manera preferente en los vitivinicultores, y por tanto, los impuestos o “cargas” sobre las cántaras de vino decretadas desde Madrid sobre los propietarios de los pueblos cosecheros de La Rioja, le alcanzaban de lleno también a él, como a los otros hacendados de su pueblo adoptivo y de toda la comarca vinatera de la zona.

Cuando muere en Fuenmayor en 1793, aunque ha disminuido el peso de su “cabaña ganadero trashumante” en un millar de cabezas, sigue siendo un “ovejero serrano” destacado. Mantiene en Mansilla –y así se escribe en el Inventario de Bienes- “cuatro mil seiscientas treinta y ocho (4.638) cabezas de lana trashumante que se enviaron a Extremadura tanto de moruecos, carneros y borros, como de ovejas todas” evaluadas en 482.352 reales, y que aportan “como noventa arrobas de lana” anuales que descotados todos “los gastos de portes, lavado, aduanas, embalajes, comisiones, seguros y demás” aportan 72.000 reales al año. Y también posee quinientas (500) cabras –más que antes a mediados de siglo- y diez yeguas o caballos, Esta minoración de la renta pecuaria o ganadera serrana se compensa con la diversificación de inversiones en el término municipal de Fuenmayor, con las que adquiere hasta treinta y dos piezas de tierra entre majuelos, viñas y tierras blancas; levanta bienes inmuebles, “edificios” según el Inventario, sean casas (la Principal –nuestra protagonista-, y tres más en la Plaza –dos sin terminar-) o sean “cuevas” –bodegas, en el lenguaje de hoy- con sus bien surtidos y correspondientes bienes “muebles y semovientes”; además de mantener dieciséis “censos a favor de la Casa” de unos veinte mil reales en total.

 Las dos bodegas, (la cueva que “llaman de Novajas” y la cueva “que dicen de Ronda“) propiedad de Don Francisco Antonio acumulan una inversión en construcciones, utensilios y vino por encima de treinta y cinco mil reales.  “La primera nave de la cueva, que llaman de Novajas, que tiene de largo cincuenta y nueve pies y de ancho diez pies y medio con el sitio abierto y los once arcos de ladrillo con cuatro cubas (tres dice en el original): la una de doscientas y siete cántaras con sus caños de fierro a dos reales y medio cada cántara; la segunda de doscientas y treinta de cabida con igual cañaje al mismo precio; la tercera de doscientas setenta y tres cántaras con el mismo cañaje a dos reales y veinte maravedíes cada una; y la cuarta de trescientas setenta y tres cántaras de cabida con ocho caños de fierro valuada como la de arriba a dos reales y veinte maravedíes, vale en total 4.894,17”. Para el evalúo de la otra nave de la cueva de Novajas se repite la misma descripción con estos datos: 51 pies de largo y diez de ancho con seis arcos de piedra y doce de ladrillo que acogen seis cubas de 330, 228, 230, 188, 160 y 122 cántaras con valor de 5.665,02 reales. La construcción de ambas naves, con un lago de 400 cargas y una prensa, suponen una inversión total de 12.427 reales. La “cueva que dicen de Ronda” es de una nave de 65 pies de larga y 11 de ancha con 13 arcos de piedra y 37 escaleras de lo mismo y un arco y guarnición de canillero y en el Cañón, con otra escalera, se agrupan siete cubas de 166, 137, 124, 166, 77, 237 y 447 cántaras, además de dos lagos de 180 cargas cada uno, todo ello valorada en 12.892 reales. El patrimonio vinicultor del Sr, Tobía, nuestro “ovejero” serrano, a finales del dieciocho, al que además de las guardadas en las cuevas descritas se suman otro buen numero de cántaras acumuladas en su Casa principal, no es el mayor del pueblo de Fuenmayor, pero si uno de los más destacables y, desde luego, nada despreciable. Sus inversiones para comercializar el producto estrella del campo riojano, el vino, están a un paso del inicio de la industria vinícola pre-moderna, que otros –Ruiz de Pazuengos, Marqués del Puerto,…, según noticias de revistas especializadas- ensayaron poco tiempo después a principios del XIX.

Don Francisco en la memoria

Este es Don Francisco Antonio de Tobía y Ubago, el serrano de la Villa de Mansilla, en cuya Casa habitación de Fuenmayor, se pusieron los cimientos de la unidad económica de La Rioja burgalesa antes de cerrarse el dieciocho. En sus salones o gabinetes fue fraguando, reunión a reunión, convivencia a convivencia, Junta a Junta, una conciencia política unitaria que abriría un camino histórico que los riojanos decimonónicos disfrutaron como provincia y los de hoy del tercer milenio como Comunidad Autónoma. ¿Por qué hoy a su Casa de Fuenmayor se la llama Palacio de los Fernández Bazán y no con el nombre del que fuera su propietario y constructor? ¿Son los problemas de esos árboles que no nos dejan ver el bosque o la consecuencia de la heterodoxa vida de nuestro protagonista? Su herencia histórica, sin embargo, no se ha perdido, como sí sucediera con su apellido (solo tuvo hijas: María Antonia y María Josefa, -la Madame Tobía y la Madame Ramírez respectivamente citadas por el ilustrado Jovellanos cuando está por La Rioja en 1795-; María Rosa y María Teresa, casadas como las dos anteriores; y María Daria y María Cruz,, ambas "religiosas del velo negro" o de la Orden de Malta, Ni tampoco se ha perdido la auténtica Historia de su vida y de su nombre. Este apartado quiere ser un breve homenaje, aunque tardío, a su memoria para la Historia de La Rioja. Se lo merece con creces.