Diputados Bienio Progresista: Octubre 1854

En el Manifiesto de Manzanares un grupo de militares, encabezados por O'Donnell y Dulce, se habían pronunciado en contra de la política moderada dominante durante una década. En su apoyo se levantaron las ciudades, y en especial Zaragoza, que depositó en el General Espartero, bajo la influencia de Ignacio Gurrea, la dirección de su Junta ciudadana. Esto hizo que la reina llamara a Espartero para que formara gobierno y convocara nuevas elecciones.

Fueron elegidos Diputados por Logroño, en la primera vuelta: Salustiano Olózaga y Manuel Gómez González; y en la segunda, Claudio Antón de Luzuriaga y Venancio Gurrea Momediano.

♦ Claudio Antón de Luzuriaga


Claudio Antón de Luzuriaga

Abogado. Natural de Soto de Cameros, nació el 30 de octubre de 1792. Fue un jurista destacado y activo participante de la política progresista en el reinado de Isabel II, ocupando, entre otros, el cargo de Presidente del Tribunal Supremo de Justicia y el Ministerio de Estado en 1854.

Fue Diputado a Cortes por la provincia de Logroño en cinco ocasiones: febrero de 1841 -había sido elegido como suplente pero llegó a titular al renunciar Espartero-; febrero y septiembre de 1843; diciembre de 1854 -en una parcial después de la renuncia de Espartero- que a su vez renuncia; y finalmente en una parcial de diciembre de 1855, tras la renuncia anterior.

Durante toda la "década moderada" fue Senador vitalicio desempeñando puestos destacados en la Cámara Alta durante varias legislaturas.


♦ Salustiano Olózaga Almandoz. Biografía, notas políticas e imágenes >>

♦ Manuel Gómez González


Esquela de la prensa

Abogado. Nace en Logroño el 28 de mayo de 1807 (Partida de bautismo Iglesia de Santiago) y es uno de los grandes muñidores electorales de la provincia de Logroño por el partido progresista. Fue un destacado esparterista en los años cuarenta y cincuenta, que con la llegada de Espartero a la Presidencia del gobierno en el Bienio Progresista fue elegido Diputado a Cortes en octubre de 1854, así como subsecretario del Ministerio de la Gobernación. Relegado de la política provincial por los sagastinos, en los años del sexenio fue otra vez alecto como zorrillista, en el mes de agosto del año 1872, por el Distrito de Arnedo. Más datos en la esquela de defunción. Muere en Madrid el 14 de diciembre de 1885.

Rasgos biográficos auxiliares

Manifiesto de la Milicia Nacional de Logroño en defensa de Manuel Gómez al ser nombrado Subsecretario de Gobernación:
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"El ejército espedicionario de 1823, último resto glorioso de aquella época, toda de glorias, llevaba en sus filas a un niño, que si por su corta edad no podía aún figurar en primera línea entre los patriotas, no por eso pudo menos de ser arrestado por la corriente política en que toda su familia estaba envuelta. Este niño se llamaba Manuel Gómez.
Cuando en 1834, brilló de nuevo la aurora de la libertad, Manuel Gómez fue uno de los primeros que empuñaron las armas de la patria en defensa de la causa nacional, sin abandonarla un solo día, hasta que la reacción destrozó las filas de la Milicia ciudadana diez años más tarde. ¿Y saben Vd. señores redactors, los sacrificios que hizo y los servicios que prestó la Milicia de Logroño durante la guerra civil, de cuyo teatro solo estaba separada por la anchura del Ebro? No, Vds. no pueden saberlo, porque entonces aún no sombreaba el bozo de la pubertad en el rostro de los redactores de Las Novedades.
Pues bien, a esta Milicia ha pertenecido siempre Gómez, y ha sido en ella uno de los primeros campeones.
Espiró el reinado de la libertad en 1843: en 30 de diciembre del mismo año, mandando González Brabo, en el suelo clásico de la lealtad y del honor, se dio un real decreto restableciendo la moderada ley de ayuntamientos, sancionada en Barcelona en días de amargo recuerdo y que produjo el alzamiento de 1840. Gómez era entonces diputado provincial, y al leer el documento no pudo menos que protestar con cinco compañeros suyos de diputación contra la ilegalidad de aquel acto arbitrario del Gobierno, a cuyo efecto dirigieron los seis juntos a principios de 1844 una sentida y razonada exposición a la Reina. No sabemos si en 1844 estaban Vds. en edad de apreciar debidamente aquella situación política, pero nosotros, sobre cuyas frentes gravitó con todo su imponderable peso, les aseguramos que era menester una fuerza de alma casi heróica para desafiar las iras de aquel poder brutalmente tiránico, censurando su marcha. Como era de esperar de aquellos días, Gómez y sus compañeros fueron encausados ante el tribunal ordinario, suspensos en su cometido provincial, e inhabilitados durante dos años para ejercer ningún cargo municipal.
Los cincos años posteriores fueron para Gómez lo que para todos los liberales puros de entonces: repetidos destierros, privacions, vejaciones, pérdidas, disgustos de todos géneros. Sin embargo, Gómez luchó constantemente en el seno de la municipalidad, en el terreno electoral, en cuantos palenques le abría la ley; Gómez era siempre el ardiente patriota, que llevaba la animación a los círculos políticos, que difundía las ideas, que predicaba las doctrinas de salvación.
La tempestad de 1848 debía descargar sus rayos sobre la cabeza de nuestro amigo: la policía polaca debía necesariamente ensañarse con él. Y Gómez, acompañado de los señores Gurrea, Adana y otros, fueron conducidos a Bilbao y embarcados allí para ser trasportados a Cádiz, donde pasaron largo tiempo respirando la emponzoñada atmósfera de los desterrados.
No queremos traer a la memoria otros eminentes servicios de Gómez, porque para ello tendrían que sangrar nuestros corazones evocando los sagrados espectros de Zurbano, Cayo Muro, Juan Martínez y demás mártires de 1844 y 1845. Pero si se interrogase a los pilares del patio del real palacio, aún podrían repetir los clamores de Gómez, que de rodillas impetró de la Reina ¡Perdón para los desgraciados!
He aquí el hombre que Las Novedades pintan sin principios políticos. Es decir, no basta haber envejecido sirviendo a la patria; no basta haber atravesado una existencia toda de sacrificios y lucha constante; no basta haber compartido el ostracismo y los sufrimientos con los primeros patriotas del país. Es menester más: es menester que los señores redactores de Las Novedades estén perfectamente enterados de nuestras biografías, sin lo cual corremos riesgo de no haber hecho nada.
No puede ser, señores redactores, no basta pergeñar cada mañana un artículo de diatrivas y personalidades para alcanzar un lugar entre los doctores de la ciencia, entre los justipreciadores del talento, entre los contrastadores del patriotismo, no. Para esto se necesita haber trabajado mucho, y sufrido mucho; y conquistado grandes derechos a fuerza de estudio, de abnegación, de sacrificios: es necesario haber encanecido prematuramente defendiendo la libertad, sufriendo por la patria. Porque solo los hombres de gran biografía tienen derecho a examinar las de los demás y declararlos de buena o mala ley: no aquellos cuya hoja de servicios se reduce a algunos meses de escondite huyendo de los polizontes del Conde de Quinto. Para asegurar Vds. que tenían más antecedentes políticos que Gómez, era preciso que ustedes hubisen sido deportados a Filipinas, o aruinados en largas emigracioens, o condenados a muerte por la firmeza de sus principios, por la constancia de sus opiniones, por la entereza de su conducta política. Sin estas circunstancias, fuerza es enmudecer y respetar a los demás.
Antes de que Vds., por razones que no queremos escudriñar, se ensañen contra hombres como Gómez, dense la pena de preguntar quiénes son, y en verdad que no les faltarán testimonios. Eminentemente respetables los tienen Vds. cerca de sí, siendo por lo mismo doblemente punible la ligereza con que Vds. prodigan sus injurias.
Intimamente unidos con nuestro compañero de armas, el señor subsecretario, declaramos ser completamente inexacto que poco tiempo antes del último alzamiento se encontrase en Madrid pretendiendo una promotoria, como Vds. aseguran: esto ya es calumnioso, porque es suponer que Gómez inclinó su frente ante los moderados. Gómez fue algún tiempo antes a Madrid, porque tristemente menoscabada su fortuna por las persecuciones que sufrió, creyó encontrar en la Corte medios de trabajar en su facultad y sostener decorosamente a su familia. Cuando el cañón de Vicálvaro anunció a la España una nueva era de ventura y libertad, Gómez corrió a Logroño a contribuir con nosotros al movimiento salvador de Julio. Esta y no otra es la verdad.
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Logroño 15 de octubre de 1854"

Venancio Gurrea

♦ Venancio Gurrea Momediano

Natural de Olite (Navarra) (1816). Hermano del General Ignacio Gurrea -electo Diputado por las provincia de Logroño, pero renunció en favor de Madrid-, fue durante mucho tiempo Secretario personal de Espartero.

En estas Elecciones del bienio progresista (1854) fue elegido en la segunda vuelta, sustituyendo a su hermano que renunció al Acta de Logroño para ser Diputado por Madrid.