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Baldomero Espartero
Monumento a Espartero en Logroño
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Progresistas riojanos: siglo XIX

El partido protagonista, y más destacado, de la política riojana durante los cuarenta años del reinado de Isabel II es, sin duda, el Progresista. No en vano son riojanos de nacimiento, residencia o de adopción tres de los más sobresalientes líderes del mismo a nivel nacional: Baldomero Fernández Espartero, Salustiano Olózaga Almandoz y Práxedes Mateo Sagasta. Son tantos sus seguidores y "amigos ideológicos y de intereses", especialmente en Logroño capital, que se cubren fácilmente todas las tendencias o sensibilidades políticas dentro del mismo.

Como es obvio, el esparterismo fue mayoritario por lo menos hasta los años sesenta, pero los incondicionales de Salustiano Olózaga también fueron muchos durante estos mismos años y no faltaron los seguidores de los progresistas puros, tal como se puso de manifiesto en el movimiento que mandó a D. Baldomero al exilio en 1843. Después, superados los sesenta, las familias progresistas riojanas se asocian, vertebrándose en torno al amplio núcleo familiar rodrigañista-sagastino, empujados por la presión de los nuevos grupos de poder manifestados en el Sexenio y concretados en lo que ha venido en llamarse "el espíritu del 73". Las tres tendencias progresistas se turnan en los escaños del Congreso y el Senado durante todo el siglo XIX representando a la provincia de Logroño.

Los esparteristas

En el Duque de la Victoria, General Baldomero Espartero, se da la especificidad de enlazar con las tres generaciones liberales/progresistas de La Rioja, o más en concreto de Logroño capital. Con la de los abuelos y la de los nietos su contacto político es tangencial, pero no así el afectivo y el social. Con los primeros acuerda el matrimonio con una de sus nietas y con los segundos convive maritalmente, y más tarde, cuando se jubila definitivamente de la vida política y militar, como hacendado. Pero es con los hijos, con algunos de los cuales coincide en edad (por ejemplo, es "quinto" de su tío político D. José Santa Cruz), con los que concuerda plena y sinceramente en sus tendencias y ambiciones políticas.

Espartero es uno más, o mejor el más señalado, de la generación de los hijos, o sea de los que fueron la auténtica generación protagonista de la política del reinado Isabel II, lo que no fueron, por obvio, los abuelos, y por "espíritu", los nietos. Y lo podemos demostrar inmediatamente. Así los primeros años de la vida política y militar de Espartero estuvieron supeditados a Francisco Javier Santa Cruz, como nos muestra la correspondencia con su mujer. Y éste, es decir, "el tío Javier" como le llama Espartero, fue el modelo ejemplar del progresismo logroñés de la generación de los hijos. Nacido en la década final del XVIII vivió el ascenso económico y social de su padre originado por el espíritu comercial e inversor. Fue oficial de milicianos nacionales en el Trienio y sufrió la cárcel y el ostracismo político durante "la ominosa década". Y con la muerte del cabeza de familia heredó no sólo el potencial económico creado, sino principalmente el ideal político del mismo, conviertiéndose en el "jefe" indiscutido de la familia, representándola en el Ayuntamiento logroñés y en las Cortes durante los primeros años del reinado isabelino. Pero su inesperada muerte a finales del año 1837, cuando era Diputado a Cortes, cortó, sin duda, una prometedora carrera política y un más amplio liderazgo familiar. En cierto modo, Espartero es su relevo en el papel que hubiera tenido que desempeñar dentro de la generación de los hijos, y como tal le acataron y aplaudieron los integrantes del grupo familiar.

Lo comprobamos en el comportamiento del otro tío, José Santa Cruz, y en el de los abuelos de su jovencísimo primo Juan Domingo, o sea en la familia de Manuel María García, como también en los amplios clientelismos financieros, rústicos, inmobiliarios y administrativos de ambos.

Progresistas puros

Los "progresistas puros" se vertebran en torno a la poderosa familia de los Adana, descendientes de acomodados Regidores perpetuos de la ciudad en el siglo XVIII.

Cenón María Adana del Río representa a este sector en las Cortes en cuatro Elecciones seguidas en los años de las Regencias, así como también él y su primo Donato aglutinan el progresismo del Concejo logroñés en los difíciles años de la la década moderada, ocupando la Presidencia de la Alcaldía entre ambos en cuatro mandatos.

Seguidores fieles de esta tendencia son el propietario Diego Fernández -el logroñés que más veces fue Concejal en el período isabelino-, los influyentes abogados Tomás Delgado, Tadeo Salvador Sáenz de la Fuente y Salustiano Ruiz, así como la familia de propietarios de los Farias y de fabricantes de curtidos de los Infante
Salustiano Olózaga
Salustiano Olózaga tiene menor influencia y peso en la ciudad de Logroño, pero son muchos sus seguidores en el Distrito de Arnedo, al este de la provincia, en especial en la industriosa población de Cervera de Río Alhama, tal como se pone de manifiesto en las Elecciones a Cortes de los primeros años de la década moderada, en las que con todo tipo de presiones logra vencer en dos ocasiones al candidato ministerial moderado.

Igualmente también lo es en algunos núcleos rurales del Distrito de la capital, como por ejemplo en Cenicero, y en otras poblaciones cuya tradición industrial está en franca decadencia, como se comprueba perfectamente en Ezcaray.

Rodrigañistas-sagastinos

Si durante las Regencias, década moderada y bienio progresista son los esparteristas y los "puros" los dominadores de la política local logroñesa, a partir de los años sesenta la hegemonía progresista es asumida por la familia rodrigañista-sagastina. Su influencia comienza a manifestarse cuando en el año 1858 lograron poner de acuerdo a todas las tendencias del partido, e incluso a los moderados más abiertos, para que apoyaran al joven miembro familiar, el Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Práxedes Mateo-Sagasta y Escolar, como Diputado a Cortes por el Distrito de la capital.

Esta familia se aglutina en los años de las Regencias en torno al comerciante Celedonio Sáenz de Rodrigáñez y Austria y su cuñado Clemente Mateo-Sagasta y Díaz, represaliado después del Trienio Liberal con el destierro a Torrecilla de Cameros, que a la vez también era comerciante y transportista. Pero son los hijos de ambos los que jugarán un papel político de primer orden. Del segundo nace D. Práxedes Mateo-Sagasta, el destacado líder del progresismo del Sexenio y del liberalismo de la primera Restauración; y del primero, Lucas, Eusebio e Hipólito, líderes destacadísimos de la política local de la ciudad de Logroño durante la década moderada y los momentos de mayor dominio de la Unión Liberal. El trío de Sáenz Rodrigáñez, en especial a través de Hipólito, a su vez casado con Isidora, hermana de Práxedes, ocupará muchas Concejalías del Ayuntamiento de Logroño, e incluso varias Presidencias de Alcaldía. Pero además, con otras alianzas matrimoniales reforzaron aún más su influencia política en la ciudad. Así Anselma, hermana de los tres, casa con el destacado abogado logroñés Tadeo Salvador, que termina siendo otro de los líderes políticos locales de estos años y sobre todo durante el Sexenio; y una hija de Hipólito, Carmen, con Lorenzo Codés García, sobrino y final heredero universal de Manuel Martínez Pérez, Marqués del Romeral.

Todo este entramado de parentescos fuertemente endogámicos desarrollado durante el reinado isabelino, aportará a D. Práxedes, cuando fuera Presidente del Partido Liberal y del Consejo de Ministros, el suficiente material humano o número de sobrinos y nietos como para copar los Distritos Electorales de la provincia de Logroño fácilmente, durante toda la Restauración, e incluso hasta la Guerra Civil.

La familia de los Santa Cruz y sus clientelas

La familia animadora del progresismo riojano, desde el Trienio Liberal hasta la muerte de Espartero, es la logroñesa de los Santa Cruz. Las dos primeras generaciones, la de Domingo Santa Cruz y sus hijos Francisco Javier y José María fueron los arietes del progresismo de forma incondicional; la 3ª, la de los nietos [Juan Domingo, Jacinta y Vicenta], sólo lo hicieron hasta el Sexenio. Después se transmutaron en conservadores.

El patriarca, Domingo Santa Cruz, no es nadie a mediados del siglo XVIII -según informa el Catastro ensenadino-, pero hacia los años veinte del XIX es uno de los más destacados propietarios de tierras y comerciante de la ciudad. Entre guerras, préstamos y desamortizaciones se había hecho rico.

Sus hijos son la fuerza de choque de la milicia nacional del Trienio Liberal y defienden su "status" contra el absolutismo en la primera línea de la Guerra Carlista.

Los nietos asentados económicamente sólo van a sentir miedo con las revueltas sociales nacidas de "La Gloriosa". El carlismo de los setenta les trae sin cuidado. Terminan siendo los hombres fuertes de las ideologías monárquicas y conservadoras, y en el plano económico, en unos perfectos usureros, y grandes rentistas.

Secundaron el progresismo esparterista los labradores arrendatarios de los Santa Cruz y del propio General, como ejemplariza la familia de los Alcate. También los profesionales más sobresalientes de la ciudad y de la provincia, como el abogado José Ordoyo, los escribanos Juan Crisóstomo Ruyales y Fausto Salanova Tapia, y los boticarios Juan Cruz Apellániz y Francisco Iñiguez. Y en especial los comerciantes mayoristas de las familias Rodrigáñez, Mateo-Sagasta, Lorza y Lacalle; así como los entonces llamados fabricantes de curtidos del grupo Rivas y los molineros Verde. Tampoco faltaron propietarios territoriales y urbanos destacados como los Castroviejo, los Gómez y el entorno familiar de Manuel Martínez Pérez, futuro Marqués del Romeral. El "círculo político" de logroñeses adictos al Duque de la Victoria es, pues, amplio, y se puede cifrar en más de la mitad del electorado progresista de la ciudad.