Las alianzas matrimoniales trenzadas por los abuelos aúnan "prestancia del pasado· y "efectivo del presente". O sea, cada grupo aporta lo que tiene.
Domingo e Inés tienen tres hijos. La primogénita es su hija,
Anacleta, a la que se emparenta, por sendos matrimonios sucesivos, con dos familias prestigiadas de las oligarquías locales del pasado. Al mayor,
Francisco Javier, le casan con una "rica" y única heredera de una familia de similares condiciones a la suya. El enlace se realiza "entre pares" para asegurar el capital adquirido por ambas "Casas" en pocas décadas. El menor,
José, se abraza a una viuda con pudientes del pueblo de Cenicero.
El primer varón, Francisco Javier, parecía destinado a mantener el camino emprendido por el padre y el suegro como lo demostró en los momentos liberales del Trienio y en los primeros años de la minoría de edad de Isabel II. Pero la "fortuna" no le fue favorable. Murió en el año 1937 cuando repetiía como
Procurador y Diputado a Cortes habiendo sido previamente Procurador en el Régimen del Estatuto .
José es quien después de 1837, por la muerte prematura de su hermano
Javier, termina controlando y defendiendo durante muchos años -muere a los noventa- la unidad y los negocios familiares de los Santa Cruz, a la vez, o al unísono,
con el general Espartero.
La hija, o hermana de los dos anteriores, aunque muere con sólo treinta años, tuvo tiempo para aportar a la familia, con un par de maridos diferentes, dos nietas o dos sobrinas que encumbrarán a la familia de los Santa Cruz, al terminar casadas con sendos Capitanes Generales del Ejército Español: el
Conde de Luchana y Duque de la Victoria y el Marqués de La Habana.