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PROTAGONISMO DEL VIÑEDO. Segunda mitad del siglo XIX

El crecimiento agrario fue general en toda España durante la segunda mitad del siglo XIX. No voy a detenerme en las causas que lo propiciaron. Simplemente me limitaré a constatarlo de modo empírico en La Rioja.

La superficie cultivada en La Rioja es en la década inmediata a la mitad del siglo XIX, en 1860, de unas 130.000 hectáreas. Al comenzar el nuevo siglo, en 1900, se llega a su máximo histórico al superar las 200.000. En cuarenta años el suelo riojano cultivado ha aumentado en 70.000 hectáreas, o lo que es lo mismo, cada año se ha puesto en producción una media de 1.750 hectáreas nuevas. Este crecimiento es excepcional, al ser casi tres veces más que la media nacional.

¿A qué se dedicaron estas nuevas tierras? En la primera fecha los cultivos se ajustaban a esta distribución proporcional: sistema de cereal un 77%; viñedo un 19%; olivar un 3%; y cultivos intensivos un 1%. En 1900 los porcentajes son estos otros: sistema de cereal un 69%; viñedo un 24 %; olivar un 4% y cultivos intesivos un 3%.

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La nueva superficie puesta en explotación, como vemos, se destina a viñedo principalmente (5% más) y más modestamente a cultivos intensivos (2%) y olivar (1%). Pero la imagen agraria riojana al iniciar el siglo XX resultaría falaz si no tuviéramos en cuenta porcentajes del uso del suelo de fechas intermedias. Por ello veamos cuáles son los referidos al año 1888: sistema de cereal 61 %; viñedo 31%; olivar 4%; y cultivos intesisvos 4%. Ahora la respuesta a la pregunda anterior aparece diáfana. El viñedo es el gran protagonista del crecimiento agrario de la segunda mitad del siglo XIX, por lo menos hasta finales de la década de los ochenta. Y el gran perdedor es el sistema de cereal, con una caída relativa de 16 puntos, aunque el número de hectáreas plantadas de cereal en 1888, venía a ser prácticamente el mismo que treinta años antes. El nuevo suelo conquistado para la agricultura se había destinado, pues, casi en exclusiva para el viñedo. Las hectáreas dedicadas a nuevas plantaciones de vides se habían duplicado sobradamente en los casi treinta años que media entre 1860 y 1888. Concretando más y sirviéndonos como modelo una población destacadísima de la viticultura de la región, que en 1881 cultiva con vides más del 75% del suelo agrícola del municipio, como es Cenicero, encontramos que la "fiebre de nuevas plantaciones" corresponde a los años finales de la década de los setenta y los primeros de los ochenta. Entre 1877 y 1883 se planta en su término municipal más de cincuenta hectáreas al año, con la cúspide en 1881, en que fueron más de setenta y cuatro. La recesión se constata a partir del mismo año de 1881.

Pero si el uso del suelo evidencia que el viñedo es el motor único de la expansión agraria riojana durante la primera Restauración, también otros indicadores de estos mismos años inciden en ello. En 1850, el viñedo aporta cerca del 50% del producto agrícola riojano, prácticamente el mismo que el del sistema de cereal, pese a que éste ocupa el doble de hectáreas. Igualmente en 1887 se encuentra la cima histórica de la mano de obra riojana ocupada en el sector primario, tanto en valores absolutos (52.847 personas) como en porcentajes (el 70 % de la población activa).

Las comarcas especializadas en el monocultivo de la vid son focos atractivos de inmigración, incluso extranjera -los conocidos "comisionistas franceses"- y de ahí que en estas fechas las cotas de densidad demográficas sean muy destacadas en un gran número de municipios riojalteños, reducidos a satélites de la ciudad de Haro.

Pero hasta el mundo financiero, tan escasamente interesado con anterioridad por nuestra provincia, también se sintió atraído. No es una casualidad que se creen en la provincia de Logroño en torno a estas fechas, dos Sucursales del Banco de España: una en 1885 en la capital, Logroño, fruto de la política expansionista de la casa central por situar sucursales en las capitales de provincia; y otra, en 1892, en Haro -una de las siete Sucursales del Banco emisor que se abren en poblaciones que no son capital de provincia-, más en sintonía con la extraordinaria acumulación de capital producto del viñedo, como argumentan los inspectores de Sucursales del Banco de España al informar positivamente al Consejo de la posibilidad de su implantación. Y durante estos años prefiloxéricos nace un gran número de centros dedicados a la explotación industrial del vino de calidad, algunos de los cuales, con el tiempo, terminan convirtiéndose en las bodegas más afamadas de La Rioja y se crea la Estación Enológica en la ciudad de Haro, también en 1892.

Los efectos de estas expansión del viñedo, incrementando el empleo y, sin duda, también, la renta de la tierra, indujeron al crecimiento de otros sectores. La mayor demanda impulsó al artesanado, e incluso a los servicios, a transformar y modernizar su oferta, como se constata en el dinamismo comercial, mercantil e industrial de la ciudad de Haro en los últimos años del siglo XX. E incluso después.