Todo fue y sigue siendo lícito, si finalmente resulta como medio
para defenestrar del poder a aquellos que no se lo merecen, según
ellos. Lo vivimos todos los días. La democracia no se construye
y practica así.
Y la táctica -que fue fructífera en la década de los noventa- se reconstruye desde el 2004 y también en 2014. Seguro que no será lo mismo, pues segundas, y menos terceras partes, nunca fueron buenas. La trampa -con su truco- ahora está desactivada. El tiempo -tozudo- nos lo demostrará, y la democracia y la convivencia lo agradecerá. Las oscuras golondrina ahora no volverán. [Estos párrafos se han confirmado en las Elecciones de 2008 y 2015 a nivel nacional. En el regional, sin duda, también ha llegado, aunque con mayor tibieza]
El drama de "las manos sucias" también terminó
manchando al PSOE. Y se estaba en lo cierto con su condena. El "terrorismo
de Estado" es la negación misma del Estado de Derecho,
como debe recalcarse. El caso Marey hacía patente la subsistencia
de las costumbres malsanas.
Pero al PSOE había que defenestrarle, y los protagonistas
del caso encarcelarles. Para los demás, se hacía,
se hizo y se siguió haciendo la "vista gorda".
Esto es jugar con las cartas marcadas, la hipocresía elevada
a la enésima potencia. Claro que no se debe consentir. Pero
a ninguno, como se ha demostrado con los 'casos del PP'. Pasó lo de la "manzana con
gusano", pero se sustituyó con lo de los 'niños malcriados'. No es fácil cambiar las costumbres.