La poblaciones serranas, que se incorporaron a la nueva provincia de Logroño
nacida en el
Trienio Liberal el 27 de enero de 1822 y que fue definitivamente restablecida en 1833, en la división adminsitrativa de Javier de Burgos, gozaron durante todo el siglo XVIII de una próspera situación económica
basada en la explotación del ganado ovino.
Fueron años de prosperidad
en que, tanto la lana "en bruto" que salía al exterior,
como la misma elaborada en sus poblaciones en forma de paños,
aportaron capitales abundantes en efectivo.
Pero desde los inicios del siglo XIX se patentizan señales de decadencia.
Primero fue la fuga de capitales, que salen hacia la ribera -los menos-,
y hacia otras capitales del reino -los más-. Después fue el
declive del sector "industrial textil lanero" por deficiencias
endógenas y más aún exógenas.
Las industrias se derrumban principalmente por la escasa modernización de
la maquinaria y la falta de acomodación a las nuevas normas productivas.
Se sigue el modelo de producción artesanal y se mantiene el minifundismo
empresarial más extremo.
Pero sobre todo se hunden por la fuerte competencia que se produce con los
pañeros catalanes, que desde 1870 "invaden" los comercios de la provincia,
y los mercados anteriores dominados por los serranos, con sus géneros de
mayor calidad y muchísimo más baratos.
La sierra no supo -o no pudo- acomodarse al sistema liberal de producción -excepto los "riojanos del éxodo"-, a la vez que le faltó
las infraestructuras de transportes, la financiación de capitales, ... e
incluso la desfavorable situación geográfica.