La Rioja Provincia
1
Esparteroo Hacendado riojano
2
Don Práxedes el mecenas
3
El siglo de las dos XX
4
La II República en Logroño
5
Cuarenta años de dictadura
6
Memoria de fin de siglo
7
Cultura en La Rioja
8
La Rioja en las Exposiciones
9
Pelota Historia
10
Los golpistas cambian los nombres de las calles
11
Economía contemporánea de La Rioja

La agricultura riojana: DEPRESIÓN Y CRISIS.
Estabilización (1ª mitad del siglo XX)

El crecimiento agrario y la prosperidad de las décadas finales del siglo XIX fue muy endeble al basarse en un único producto; al extenderse a una sóla área territorial de La Rioja; y al destinarse a un exclusivo mercado. Cuando el vino del valle, demandado por Francia, quedó sin salida no tardó en surgir la depresión. Esta se vislumbró en el final de los ochenta, se empezó a sentir en los noventa, y se convirtió en tragedia en las primeras décadas del siglo XX.

La filoxera "patas arriba"
La crisis agraria finisecular precipitó los precios de los cereales en toda España después del año 1883. A los agricultores riojanos no les afectó especialmente porque aún gozaban de la extraordinaria coyuntura expansiva del vino. No obstante, tal situación aumentó la inquietud entre los agricultores que ya la venían sintiendo desde que la filoxera progresaba initerrumpidamente por otras zonas vitivinícolas del resto del país.

En 1878 se formó la "Comisión Provincial de defensa contra la filoxera" en previsión de la llegada de la plaga. De todos modos los agricultores y los rectores de los Ayuntamientos no se tomaron muy en serio el posible problema. Las constantes llamadas de la Diputación, cuyos miembros eran prácticamente grandes hacendados, para allegar fondos que frenaran o impidieran "la muerte de la gallina de los huevos de oro" tuvieron escaso eco, sobre todo en los municipios de la zona con mayor número de hectáreas plantadas, los del Partico Judicial de Haro, controlados por los carlistas.

Sin embargo, las crisis del mildiu (1886-1887) primero, salvada en cierto modo por las generosas cosechas de los años 89, 90 y 91; y la ruptura del Tratado de comercio entre Francia y España (1892), después, con el consiguiente derrumbe de las exportaciones de caldos, precipitó los problemas, al actualizar el desarreglo de los excedentes. Pero los agricultores riojanos seguían contando con sus viñas y con su producción, al contrario de lo que pasaba en otras provincias, que las habían perdido. Por ello buscaron todos los medios para no anular sus ventajas. Los resortes modernizadores usados, sin embargo, fueron escasísimos, y, con preferencia, exigieron y se valieron de las medidas tradicionales. La respuesta personalista, laboriosa y cara, y también más tradicional, fue la roturación de nuevas tierras para la diversificación de los productos, ahora ocupadas con cereales, elevando el uso del suelo riojano a un número de hectáreas -más de doscientas mil- que nunca se habían dado, ni se darán después, en toda su historia agrícola.

El segundo frente de lucha, tan tradicional como el anterior, buscó el proteccionismo del vino cosechado, por el camino de la bajada de tarifas impositivas, la disminución del encabezo de los consumos, la rebaja de los transportes por ferrocarril, la prohibición de los "vinos artificiales" y la presión sobre los alcoholes industriales.

Para ello salieron a la calle con mítines y campañas, y se expresaron en las Cortes, por medio del Diputado riojano Amós Salvador. Pese a todo, lo peor no había llegado aún.

Desde el año 1897 la filoxera había cercado los viñedos de la provincia al ser también invadida Navarra. Todos los esfuerzos por cerrar la región resultaron baldíos, ya que en el verano que cerraba el siglo, y en las cepas del municipio de Sajazarra, se detectó la primera señal de la enfermedad. La filoxera había entrado en La Rioja por la zona más óptima y con más hectáreas plantadas: La Rioja Alta.

Una década después, en 1909, su costo se traducía en:

:: 36.602 hectáreas de viñedo destruidas, dando paso a la reducción de un cuarto del suelo total usado en la provincia diez años antes.
:: un peso social aterrador traducido en un saldo migratorio que hizo descender la población provincial absoluta y activa.
:: una descapitalización del sector agrario que, valoradas sin los cultivos compensatorios, rondaría el 40% del valor del producto total del sector, y que causaría los cincuenta años que duró la transformación y recuperación del sector primario: y
:: un frenazo, del que aún no se ha repuesto, a toda una comarca: La Rioja Alta, con cabeza en Haro, que fue la punta de la modernización económica de la provincia durante la segunda mitad del siglo XIX

Componentes Caja Vitícola
Durante toda la primera mitad del siglo XX la agricultura riojana fue superando muy lentamente la crisis finisecular y el trauma de la filoxera. En la última década del XIX y en las dos primeras del XX el déficit productivo del vino se intentó suplir con la ampliación de cultivos del sistema de cereal mediante roturaciones. Durante toda la segunda década se fueron replantando los viñedos con vides americanas, con coste muy alto, con problemas político-sociales de todo tipo, y sobre todo, con el consabido personalismo y voluntarismo de épocas pasadas, pues las intituciones oficiales predicaron más con el entusiasmo, que con prestacionese económicas, las cuales únicamente se redujeron a conceder "pequeños créditos blandos" a través de la Caja Vitícola creada por la Diputación al iniciarse el segundo decenio del siglo. A mediados de los años treinta la agricultura riojana era de nuevo dual, y en su línea tradicional se seguía apoyando en los cereales -con base en los granos para la panificación- y en el vino.

En resumen, "el haber" cosechado con "la opulencia del vino" en los años setenta y ochenta del siglo XIX se avaporó en un lapso de tiempo muy corto. La Rioja agraria, por los efectos de la filoxera sobre la excesiva especialización vitícola, tornaba a la situación previa al "boom" en los años treinta del siglo XX. Pero este camino de ida y vuelta aportó, sin embaro, una experiencia: el Mapa Vitícola de La Rioja es limitado, rondando las treinta mil hectáreas, y cuando se superan éstas, comienzan las dificultades. La comprensión de este problema exige la diversificación de cultivos si se quiere que la renta de los agricultores no se encuentre con un nuevo y fatal sobresalto.