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Las lamentaciones de José María Jover
en los primeros años ochenta sobre lo poco que sabemos de las elecciones
españolas anteriores al Sexenio democrático, se pueden
mantener aún hoy casi en su integridad. Es verdad, que se han publicado
algunos trabajos meritorios en estas dos últimas décadas
que cubren todas las Elecciones del reinado de Isabel II, como el de Enrique
Aguilar Gavilán sobre Córdoba y el de Margarita Caballero
Domínguez sobre Soria , y se anuncian trabajos sobre los mismos
temas para otras provincias, como los de Isabel Burdiel sobre Valencia
, pero en general aún seguimos dependiendo de obras que estudian
elecciones concretas, bien sean autores coetáneos, como Fermín
Caballero y Andrés Borrego que citamos en la bibliografía,
o bien autores de nuestros días como Joaquín Tomás
Villarroya y la propia Isabel Burdiel, o de obras generales de autores
que estudian el período. Como vemos muy poca cosa, y no encontramos
razones para que suceda así, pues como escribe Carmelo Romero en
el Prólogo al libro citado de Margarita Caballero, las dos razones
que lo justificaran (la ausencia de fuentes y la escasa entidad del estudio
de las Elecciones para conocer el reinado de Isabel II) para nosotros
se nos han demostrado insuficientes.
Debido a esto se me plantearon variados problemas. Pero sobre todo, el de
cómo estructurar la exposición general del trabajo para que
posteriormente fuera útil a futuros historiadores e investigadores
nacionales interesados en el tema. Me explico. Siendo una investigación
únicamente de la provincia de Logroño, podía quedarse
en puro localismo y ser baldío el esfuerzo, por lo que necesitaba
plantearme un esquema que pudiera ser válido para la generalidad
y no para una provincia. Mis dudas se refirieron fundamentalmente a dos:
o seguir un mero desarrollo cronológico en la exposición de
cada una de las Elecciones, o establecer unas grandes partes de contenido
homogéneo. Al final abandoné el primer sistema y me decidí
por el segundo. Y las razones para hacerlo fueron de muy distinto signo:
unas por evitar redundancias y/o repeticiones entre las distinas Elecciones;
otras por facilitar el trabajo de acumulación de datos seriados;
y sobre todo, por someterme fielmente a los diferentes marcos legales electorales.
El único problema que se me planteaba era qué hacer con el
Bienio Progresista, pues quedaba "dislocado" en el contexto general
del desarrollo. Y mi solución vino por el camino de añadir
un capítulo a la Parte correspondiente a la Ley Electoral de 1837,
pues en definitiva esta fue la normativa electoral seguida en ese Bienio.
Tomada esta decisión programé el trabajo en cuatro Partes
en conformidad con los dos grandes temas debatidos entre las opciones idelógicas
mayoritarias del momento, la moderada y la progresista, el tipo de participación
de los electores en la selección de sus representantes y el sistema
de planificación electoral del territorio. Y las Partes quedaron
así: Primera. Elecciones por sufragio indirecto en sus dos vertientes,
censitario y universal, cubriendo así todas las consultas entre 1834
y 1836. Segunda. Elecciones por sufragio directo censitario y circunscripciones
provinciales, abarcando todas las celebradas por la Ley Electoral de 1837,
o sea, desde 1836 a 1845 y las del Bienio Progresista (1854-1856). Tercera:
Elecciones por sufragio directo censitario y Distritos uninominales, correspondiendo
con la Ley Electoral de 1846, que se aplicó en todas las elecciones
de la década moderada (1846-1853) y en todas las de los años
de domino de La Unión Liberal (1857-1864). Cuarta: Elecciones por
sufragio censitario directo y circunscripción provincial - Ley de
Posada Herrera de 1865, que con dos únicas Elecciones (1865 y 1867)
se cierra el reinado de Isabel II.
La organización interna de cada una de las Partes resultaba muchísimo
más fácil. Simplemente consistía en acomodarse a los
pasos necesarios de un "ciclo" electoral, tal y como están
marcados en cada una de las distintas Leyes. Así, en primer lugar,
debía resumirse el contenido de las Leyes Electorales, y enumerarse
las consultas celebradas bajo éllas; en segundo lugar, concretarse
y definirse el número de los participantes y saberse cómo
se les distribuía territorialmente para su participación;
en tercero, analizarse las "organizaciones/partidos políticos"
y cómo elaboraron sus estrategias atractivas y propagandísticas
para seleccionarse y ser seleccionados; en cuarto, detenerse en las jornadas
electorales o días de votaciones, especialmente en la propia emisión
del sufragio según los días, en los integrantes de las "mesas"
electorales (Presidentes y Secretarios Escrutadores), en las "influencias"
(manipulaciones) de los "poderes" en las votaciones; y en quinto
lugar, estudiarse la participación en las Elecciones, es decir, los
votantes, así como a los que fueron votados, tanto los electos como
Diputados, como los que no lo fueron.
Dentro de estos propósitos metodológicos la presente investigación
es un "trabajo de campo" que se "ha rellenado" con
los datos correspondientes a la provincia de Logroño, pero que
igualmente puede hacerse con los de cualquiera otra provincia de la monarquía
isabelina. Los logros finales alcanzados en esta provincia deben ser una
pieza más del "puzzle" nacional, como lo son los trabajos
de Margarita Caballero, de Enrique Aguilar o de Isabel Burdiel. Al final,
con mayor número de piezas, podremos comprender mejor la vida de
las élites nacionales en las primeras décadas de la formación
del sistema político participativo español. Así que
el esfuerzo principal del trabajo actual presentado como Memoria de Licenciatura
se ha centrado en el estudio del selecto grupo de personas de la provincia
de Logroño admitido legalmente para participar en la gobernabilidad
de España. En este caso seleccionando a sus representantes políticos
en las Cortes Nacionales, es decir, a los Diputados por Logroño.
Se han combinado, pues, las referencias documentales cercanas, o si se
quieren locales, con el enfoque amplio que se hace necesario para huir
de la simple erudición o del mero "conmemorativismo"
en los trabajos de historia.
Las fuentes documentales para estudiar las elecciones del Reinado de Isabel
II en la provincia de Logroño son muy abundantes, aunque desequilibradas
según los temas. El material normativo, es decir, las Leyes Electorales,
por ejemplo, está todo publicado en el Boletín Oficial de
la Provincia, al igual que los Reales Decretos de convocatoria de Elecciones.
Sucede lo mismo, aunque de modo aún más acentuado pues los
podemos encontrar hasta por triplicado, con los resultados generales de
cada Elección, ya que además de las Actas de los Escrutinios
Generales archivadas en el Congreso de los Diputados, al igual que las de
todas las provincias españolas, están las mismas manuscritas
guardadas en algunos Archivos Municipales que fueron cabeza de Distrito
Electoral y también están todas impresas en los Boletines
Oficiales de la Provincia en sus fechas correspondientes. Se han conservado,
igualmente, numerosas Actas de elecciones intermedias o anteriores a los
recuentos generales de las consultas electorales celebradas con anterioridad
a la Ley de 1837, y también algunas de los resultados de Distritos
concretos antes de realizarse el recuento general cuando las elecciones
son por circunscripciones provinciales o Distritos uninominales. Pero es
que además se pueden seguir los resultados municipio por municipio
y hasta persona por persona, pues están todas las Listas de Votantes
publicadas en el Boletín Oficial día por día, elección
por elección, vuelta por vuelta, con lo que se nos posibilita analizarlos
no sólo de manera globalizada para toda la provincia, que es lo más
cómodo, sino también por municipios y comarcas, por sectores
socio-económicos, y por sujetos concretos. Existen, pues, fuentes
más que suficientes para responder a cualquier tipo de preguntas
que se nos ocurran sobre la participación electoral.
Algo parecido sucede con el capítulo de los electores, aunque en
esta ocasión nos encontramos con algunas lagunas para determinados
momentos. Mientras la confección de las Listas de Electores dependió
de los Ayuntamientos (hasta 1837) todo funcionó de tal modo que se
puede saber quiénes son los electores, pues las Actas que los concreta
se incluyen en los Libros de Sesiones, faltando sólo las de aquellos
municipios que ha perdido éstos. Cuando las Listas se elaboraron
por las Diputaciones (Ley 1837), la desaparición de sus fondos, supuso
también la ausencia de papeles sobre electores, y como esto fue lo
que sucedió con la de Logroño, nos quedamos sin saberlos.
Evidentemente conocemos el cómputo general de electores de la provincia
por las Actas de Resultados, pero desconocemos su distribución por
Distritos, municipios y personas concretas, salvo en aquellos Distritos
que han custodiado hasta hoy los documentos electorales en sus Archivos
Municipales (Haro y Calahorra). Cuando los Gobernadores o Jefes Políticos
formaron las Listas (Ley de 1846) la documentación sobre electores
se normalizó, y se pueden reconstruir éstos de manera minuciosa
desde cualquier punto de vista y población por población.
Finalmente contamos con un magnífico Censo Electoral nominal de todas
las poblaciones de los nueve Partidos Judiciales de la provincia para las
dos últimas elecciones del reinado de Isabel II (1865-1867). En él
no falta de nada, ambos apellidos, dirección y cuota de renta.
También hay material documental más que suficiente para comprender
las jornadas electorales día por día, Sección por Sección,
Distrito por Distrito, pues todo aparece publicado puntualmente en los Boletines
Oficiales. Así se puede reconstruir casi en su totalidad la nómina
de los auténticos muñidores electorales del período,
al saber un gran número de componentes de las mesas electorales;
los manejos gubernativos por las protestas archivadas en las Cortes junto
a las Actas de Resultados; en fin, los pormenores de cada día.
Las mayores deficiencias de fuentes se refieren a uno de los capítulos
del "ciclo" electoral más importante: el de los Partidos
Políticos y la propaganda electoral. Es así porque durante
el período isabelino en nuestra provincia no se publicaron más
que una media docena de periódicos, y muy tardíamente, que
en nada se relacionaron con los temas políticos. Unicamente encontramos
mensajes de este signo en el Boletín Oficial de la Provincia, y sólo
durante los primeros años de la minoría de edad de Isabel
II. Menos mal que esta carencia la hemos podido solventar en parte con un
magnífico Archivo privado de uno de los que llegó a ser Diputado
a Cortes por el Distrito de Logroño capital en la década moderada
y en los años de La Unión Liberal, José Domingo Osma
y Ramírez de Arellano. En él se conserva una larga correspondencia,
con un amplio número de cartas referidas directamente a las cuestiones
electorales de los períodos citados. Por éllas podemos saber
numerosos detalles de las relaciones entre los poderes centrales y provinciales;
entre algunos de los Diputados por La Rioja; entre los caciques locales
y el electo como Diputado; así como también conocer detenidamente
la dinámica de organización y de "propaganda" electoral
y los manejos electorales de los notables moderados y unionistas del Distrito
de Logroño capital. Ha sido todo un lujo poder contar con este Archivo.
Y aunque nos ha llegado alguno otro, como el de Martín Tosantos,
aporta muy poco a los temas electorales. Después del año 2000 está al servicio de los investigadores otro Archivo, el de Ramón Alesón, en los fondos del Archivo Histórico de la Rioja.