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María de la O Lejárraga García

María Lejárraga y el Ateneo de Madrid

Con el Dr. Juarros después de una
conferencia sobre "la trata de blancas"
María Lejárraga participó en la tribuna de "la docta casa" en distintas fechas y en temas varios durante la República. Diserta, sola o acompañada, por lo menos, en cinco ocasiones. Primero, al poco de proclamarse el nuevo régimen, en un grupo de conferencias sobre la cuestión de Las mujeres ante la República, y después, en otras cuatro ocasiones más, en asuntos relacionados con "Causas Progresistas" (contra la guerra y el imperialismo, contra la pena de muerte, ... o en favor de la fundación de una asociación femenina). La primera vez lo hace a poco más de mes y medio después de su curso sobre La mujer española ... , es decir, en el mes de julio de 1931. Después está también en el verano de 1932 dentro de un grupo, con el tema central de "Dudas del momento". A principios de abril de 1934, cuando ya es Diputada a Cortes por el Partido Socialista y por Granada, participa otra vez y de nuevo acompañada; y finalmente, y por cuarta vez, concluye su participación en le mes marzo de 1936, después del triunfo electoral del Frente Popular.

Además está integrada en las Juntas de la Sección de Ciencias Morales y Políticas, bien como Vocal o bien como Presidenta.

‘Participación en las causas progresistas’

María en 1931

Sobre ‘La Cívica’

La primera ocasión que está María en el salón de actos del Ateneo de Madrid es el 24 de julio de 1931, e intervino como portavoz de los deseos de "muchas mujeres españolas de fundar una Asociación (femenina) sin diferencias de clases ni de color político".

Formar una asociación, dice María en la tribuna, que fuera un centro "donde se aprendiesen todas las cosas que pueden tender a hacer evolucionar el espíritu de la mujer"; y en la que todas estas cosas se enseñaran no de manera árida, "sino en relación con la vida humana y con las necesidades y aspiraciones de la misma".

De ésta conferencia a la que nos referimos ahora, y de sucesivas charlas y reuniones nacería, unos ocho meses más tarde, en concreto el 11 de marzo de 1932, la "Asociación Femenina de Educación Cívica" fundada por María y otro grupo de mujeres progresistas. De manera resumida diremos que la Cívica, en su intención y en sus actividades, busca la mejora de las mujeres, en especial las de las clases medias, a través de la cultura. Excusamos mayores puntualizaciones sobre el particular, porque en otra página nos referiremos con más extensión.


Contra la pena de muerte

El 3 de abril de 1934 se celebró en el Ateneo una velada contra "el restablecimiento de la pena de muerte", y en la que se disertó contra el Proyecto de Ley apoyada por el nuevo Gobierno republicano nacido de las elecciones de noviembre de 1933. Esta velada es un acto más, inserto en un conjunto de manifestaciones de protestas a nivel nacional contra el citado proyecto, después de que la pena de muerte fuera abolida por el Gobierno republicano del primer bienio. En ella hablan el radical-socialista Mariano Ruiz Funes y nuestra María, dando razones sobre la ineficacia y la barbarie de dicha la pena.

El republicano Ruiz Funes está en contra de la pena de muerte por distintas razones. En primer lugar por su ineficacia como castigo del delito, ya que se comprueba que la eficacia no está en esto, sino en "el aparato terrible" que la caracteriza. Así que "lo interesante de la pena de muerte no es el castigo ni la ejemplaridad del castigo como tal, sino el espectáculo del castigo, ... que impresiona las conciencias de los demás y les aparta de los delitos". La eficacia de esta pena está en su carácter de publicidad, pero no para el delincuente, sino para el espectador.

En segundo lugar, establece, dos categorías de delincuentes: los que tienen la posibilidad de corrección y los incapaces de corregirse. Defiende que en el primer caso, lo que se debe hacer, es solventar las razones o causas de la criminalidad; y en el segundo caso, es suficiente "la separación de los delincuentes de la sociedad". La intimidación que la pena de muerte aporta, como defienden algunos, no es así, pues el que comete un delito arriesga con él su vida.

Y termina diciendo, que la pena de muerte en España ha sido una ficción, "ya que en la mayoría de los casos las penas no han sido ejecutadas". Es como "un espantajo grotesco, como los que se colocan en las cosechas para impedir que las coman los pájaros".

María Lejárraga enfoca su condena de la pena de muerte desde otro punto de vista. Acude al terreno político como Diputada sentada en la oposición, manifestando que el "Gobierno está orgulloso" del proyecto de Ley , tal como se demuestra en el "énfasis oratorio y en la satisfacción" que puso el Ministro de Justicia en la lectura del Proyecto en las Cortes. Y se pregunta: "¿Es que el Gobierno no es de estos tiempos sino de aquellos en que se descuartizaba y se hacía morir a los hombres?" Y se contesta: "Yo creo que no merecemos los españoles un Gobierno así, que acude a procedimientos primitivos, bárbaros para imponer la autoridad.". Y establece como conclusión que "estas medidas" son "supervivencias de los tiempos crueles".


María contra la guerra

Las dos restantes apariciones de María en el Ateneo de Madrid son para disertar en contra de la guerra. El 28 de junio de 1932 participa en un Acto conjunto del Comité Español contra la Guerra y el 24 de marzo de 1936 da una conferencia en solitario sobre lo mismo.

En el verano de 1932 está junto a dos personalidades destacadas de la política del momento, Eduardo Ortega y Gasset y Julián Gómez Gorkin, y presididos por Eduardo García del Real. En la primavera de 1936, María se refiere a los responsables de la primera Guerra Mundial (1914-1918).

Es difícil juzgar, dice, con "exactitud quiénes fueron, si el zar, Poincaré, Guillermo II o el emperador de Austria", es decir, los dignatarios de los Gobiernos nacionales más implicados. Pero sí enumera a los auténticos culpables. "los discursos inflamados, las carreras de armamentos, el espíritu patriótico de los ignorantes y, sobre todo, la vergüenza que impide a los gobernantes volverse atrás".

Henri Barbusse: 1917Y también, por otra parte, menciona a los más destacados luchadores que se esforzaron por ir contra la misma, enumerando a un conjunto de escritores destacados como Wells, en su obra El hombre libertado, Henri Barbusse con El fuego, y otros (Remarque y Renn), además de la Alianza Universal de Mujeres, tan solícita en un principio y tan despreocupada después, como para terminar sin resultados.

Estableció en su exposición tres principales conclusiones, ideológicamente más radicalizadas que en las otras conferencias que hemos comentado en los ciclos: La primera conclusión es que los hombres no suelen caer en las mismas faltas, pero que los nuevos hombres "se dejan engañar con los mismos embustes que sus padres". La segunda, "que las guerras tienen siempre una causa económica, y que no hay salida con el sistema actual". Y la tercera, como consecuencia de la anterior, en la que supera sus posicionamientos ideológicos de conferencias pasadas, tal y como puede comprobarse en la conferencia Dudas del Momento, que habrá que "hacer la revolución para acabar con las ganancias, causa de todos los males".

Cierra su intervención dirigiéndose a los tibios o indecisos sobre el hecho revolucionario, etapa que añade ahora a su discurso político como decimos. "Para los que me escuchan que tienen miedo a la revolución, por no querer sangre, les diré que, por ejemplo, el total de víctimas de la Revolución Francesa, tan cruel, es muy inferior al total de muertos, en un sólo día, de la última guerra".

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