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María de la O Lejárraga García

María Lejárraga y el Ateneo de Madrid

La "docta casa", con la llegada de la República, estabilizó su funcionamiento, después de superar la etapa del "bonito juego del abre y cierra" el Ateneo, de los últimos años de la Dictadura y durante la Dictablanda, y la Sección de Ciencias Políticas y Morales, así como también la Sección de Economía, organizan, entre otras, un grupo de conferencias en los meses previos -mayo y junio- a las Elecciones Constituyentes, que pueden agruparse bajo la óptica de "Ante la República". En ellas se expusieron las opiniones de las mujeres, de los catalanistas y de los comunistas y sindicalistas ante el nuevo régimen. Cada una de estas "realidades sociales" desfilaron por la tribuna en cinco sesiones intercalando sus comparecencias. Las primeras opiniones expuestas fueron las de las mujeres con María Lejárraga como portavoz, que impartió ella sola un curso en los días 4, 9, 11, 15 y 18 de mayo de 1931. Después lo hicieron los catalanistas los días 14, 16, y un tercer día que no hemos podido concretar, durante el mes de mayo, y el 2 y 4 de junio. Finalmente llegaron las de los sindicalistas en los días 18 de mayo y 5 de junio, y cerraron los ciclos las distintas sensibilidades comunistas el 8 y 9 de junio y otro día que desconocemos.

‘Las mujeres ante la República’ (I parte)

María años treinta

En este contexto de posicionamientos ante la República participa María Lejárraga en el Ateneo durante casi todo el mes de mayo de 1931. Explica un curso, en cinco lecciones, sobre la necesidad de que las mujeres españolas apoyaran a la República. Su título, Por qué las mujeres españolas deben amparar la República. Sus partes, los Motivos ideológicos, los Motivos de orden práctico, La República y la esclavitud femenina y los Temores (in)necesarios. El curso, aunque fue anunciado en exclusiva para las mujeres, también fue seguido por "bastantes hombres". Las cinco lecturas en la Cátedra el Ateneo fueron publicadas después con el título genérico La mujer española ante la República, dividiéndose en éstas cinco partes: Realidad, leída el 4 de mayo; Egoísmo, el 9; Libertad el 11; y Religión y Federación, el 15 y 18.

María imparte su cursillo en el Ateneo de Madrid durante el mes de mayo basada en estas inquietudes. "Hablar, hablar incansablemente, hablar constantemente en bien de la República", contestaba a la periodista del Crónica cuando la encuestaba sobre "¿Cuál debe ser la labor de las mujeres en la República?". Y la entrevistadora resumía el cursillo así: "Ha sido un cursillo de vulgarización de deberes y derechos ciudadanos y de aclaración de algunos conceptos que se prestaban a lamentables confusiones". Y el ciclo fue esto, pero también mucho más. "Por una vez van a saber de veras cómo pensamos las mujeres", decía María Lejárraga.

La estructura del curso es muy racional. Consta de dos partes: la tres lecciones iniciales constituyen la primera, refiriéndose a lo que pueden ofrecer las mujeres a la República, lo que ella "nos puede dar en pago" y lo que las mujeres pueden esperar de la misma; y las dos últimas argumentaban sobre dos temores innecesarios para aceptarla: el "problema religioso" y el "problema catalán".

El lema del curso

El cursillo se construye sobre el lema: "La patria que para los hombres es "la madre", para las mujeres es "el hijo". Y siguiéndolo, elaboró un grupo de premisas que terminó en un análisis psicologista de la preocupación por la República, al igual que la madre se preocupa por sus hijos.

Establece que así como éstos pasan por etapas naturales que les producen problemas, también sucede lo mismo con el nuevo régimen. "El país, nuestro hijo, está bajo la influencia de un cambio que es, sencillamente, un fenómeno de crecimiento". "Ha entrado en una especie de adolescencia que, desde luego, no es ni puede ser el último avance de su evolución". Mientras llega a su madurez sostengamos "con todo nuestro esfuerzo el régimen que acaba de implantarse".

Hagámoslo siguiendo la propuesta del Gobierno Provisional, que viene a ser la misma que aplicamos a nuestros hijos: vigilancia, orden y trabajo. Vigilémonos nosotras para no acoger y esparcir "rumores absurdos" que dañen el crédito de la República. Actuemos con serenidad, sin alarmas ni gritos, en definitiva con orden. Trabajemos también para capacitarnos y así "ayudar a gobernar la casa".

Y cumplamos con estas tres exigencias porque la República española es una "realidad", pues, "los hombres que ocupan el Gobierno ... han empezado a "hacer inmediatamente", en todos los campos, y en concreto el Gobierno Provisional en "quince días ha hecho más en favor de las mujeres que todos los gobiernos monárquicos que se han sucedido desde el reinado del sabio Alfonso X, ... y esto es sólo empezar". En las Cortes Constituyentes "saldrá la absoluta igualdad de derechos y deberes para hombres y mujeres" y alcanzaremos nuestras aspiraciones y podremos así acabar "con la esclavitud femenina".

Segunda y tercera conferencia

Si las mujeres deben apoyar la República por estos motivos considerados por María como ideológicos, también lo tienen que hacer por otros de tipo práctico, basados en el egoísmo. Por puro egoísmo queremos lo mejor para los hijos y también para nosotras mismas. Estas dos cuestiones constituyen los temas expuestos en la segunda y tercera lectura.

Parte en la segunda de "la gravedad de la situación económica" del país, del "arcaísmo de la organización de nuestra enseñanza" ("desorganización maquiavélicamente organizada", dice) que termina en resultados graves, como la falta de técnicos, una "producción" escasa y cara, una nación de "holgazanes por desaliento", ...

Apoyemos a la República por la buena voluntad que apunta para resolverlos, ya que la monarquía "no lo ha hecho ni lo ha dejado hacer". El cambio de régimen se justifica por esta intención. Pero es que además "si la República no remedia los males que existen, no tiene ella misma razón de existir". Por ello conviene al régimen solucionar estos problemas básicos.

Así que el egoísmo y las conveniencias deben convertirse en el determinante para la colaboración con la República. No nos preocupemos demasiado de otros problemas más accesorios. Que si la bandera tiene "un color, dos colores, tres. ¿Qué más da ...?". Y al hilo de estas reflexiones sobre la bandera introduce María el tema de la paz para España, concluyendo con una premonición trágicamente cumplida: consolidad la República porque "si mal agradecidas, fomentárais el odio y la contradicción dentro de la Patria, inevitablemente encenderíais la guerra civil. Pensad eso: la guerra Civil ... "¡No la encendáis a ciegas, mujeres de España!."

En la tercera conferencia argumenta que se debe apoyar a la República por egoísmo para la liberación de las propias mujeres. Repasa el Código Civil, el Penal, la Constitución del Estado, en lo relacionado con los derechos y los deberes de las mujeres, para concluir que existe un conjunto de "injusticias legales", que generalmente se llama "esclavitud femenina" o "negación de la mujer".

Se pregunta: ¿Qué se le niega a ésta?. Contesta: absolutamente todo y sin atenuantes "desde el mismo momento en que la mujer se casa". Concluye: "por esto, un régimen de libertad, ..., está obligado a libertar a la mujer". Le conviene porque somos muchas. Pero también porque hay mucho que hacer en España y necesita pedirnos ayuda para casi todo, y en especial para legislar. Y recuerda la guerra, y la cuestión de los hijos ilegítimos, y "la forma nueva de familia".

Apoyemos al Gobierno de la República porque hasta ahora ha dado "pruebas fehacientes de su buen propósito", porque ha puesto en manos de mujer la Dirección General de Prisiones, ha abierto los Registros y las Notarías a las mujeres, las ha declarado elegibles. "Y esto es sólo empezar. Porque de las Cortes Constituyentes saldrá la absoluta igualdad en derechos para hombres y mujeres".

Y concluye con otra intuición femenina premonitoria: si no triunfa la República y "lo de antaño vuelve, ¿no tomarán los caídos de hoy tremendas represalias contra las que hayamos querido amparar la libertad, y entonces estaremos peor que estábamos?".

Por todo esto, por enésima vez, postuló el amparo hacia la República.

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