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El teatro de Gregorio Martínez Sierra (Madrid, 1881-1947) personaliza el ala blanda y ternurista del
teatro de la época pero, a pesar de ello, se le considera ante todo un
hombre de teatro, tanto más como director que como autor del teatro moderno
europeo, amén de un renovador en la escenografía. Su obra dramática
se distingue, dentro del tono benaventiano, por una cierta finura psicológica
y una cierta delicadeza poética que, a veces, está al borde del
sentimentalismo dulzón. Entre sus mejores obras destacaría La
sombra del padre (1909), Canción de cuna (1911), Primavera en otoño
(1911), Mamá (1913); y El reino de Dios (1916), drama este último
en el que, sin abandonar el modo psicológico y sentimental que caracteriza
toda su obra, intenta dar significación social y revolucionaria al tema
de la caridad cristiana.
Sobresale Martínez Sierra, al igual que Jacinto Benavente, en la creación
de personajes femeninos. La importancia dada a estos personajes puede observarse
ya en el título de algunas de sus obras, tales como La Tirana, comedia
lírica en dos actos, con música de Vicente LIeó; Margot,
una comedia lírica en tres actos, con música de Joaquín
Turina y La suerte de la Isabelita, zarzuela cómica, en un acto y cuatro
cuadros, con música de los maestros Jerónimo Jiménez y
Rafael Calleja. Las dos primeras, al poseer una extensión de dos o más
actos, pueden ser consideradas zarzuelas grandes mientras que, la tercera, por
estar compuesta únicamente de un acto, entraría dentro de la denominación
de género chico, pues solo esta es la diferencia entre ellas, sin que
tenga nada que ver en este tratamiento la mayor o menor calidad de la composición.
Otras obras de este autor que tuvieron importancia en su momento fueron las
comedias Triángulo, Torre de marfil, La hora del diablo y Seamos felices
(constando las tres últimas de tres actos).
La mayoría de ellas fueron publicadas en la Biblioteca Renacimiento y,
aunque tienen también la denominación de comedia lírica,
me ha sido imposible insertarlas en este trabajo, al no encontrar información
sobre posibles compositores de su música, o de intenciones de enriquecerlas
musicalmente, por lo que he optado por dejarlas de lado, citarlas únicamente
como obras de cierta importancia dentro del conjunto creativo de Gregorio Martínez
Sierra y centrarme en las cuatro más conocidas, por estas características:
La Tirana, Margot, La suerte de la Isabelita y Las Golondrinas. La particularidad
que las une es que todas fueron adaptadas para el teatro lírico o fueron
escritas especialmente para él, siendo Las Golondrinas la más
conocida.
Julio Enrique Checa Puerta defiende la tesis de que las aportaciones de Gregorio Martínez Sierra al teatro español durante el primer tercio de siglo constituyen un nexo decisivo entre la tradición y la vanguardia. Estudia, en el libro "Los teatros de Gregorio Martínez Sierra", la figura de G. Martínez Sierra como autor, director y empresario teatral, su actividad cinematográfica en Hollywood y su colaboración con artistas como Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca o su propia esposa, María de la O Lejárraga. El resultado de su trabajo dio como consecuencia un innegable impulso a la renovación teatral española y, por extensión, a la cultura española de su tiempo.